Un día

















La noche anheló vestirse de luz,
pero huérfana de estrellas
se vistió de ti
y una explosión de colores
iluminó auroras boreales
en el terso tisú del cielo.

Una luciérnaga danzarina
se estrelló en mi pecho
-como tus ojos brunos-
y mil hados instituyeron
una constelación azul
en el halo de la luna.

Una tarde lluviosa de mayo
intentó pintarse de verano,
pero a falta de golondrinas
tus versos le dibujaron
óleos de horizontes bañados
por el sol de tus metáforas.

Un suspiro quiso ser jardín en el alma
y apareciste – fortuito madrigal–
mis espinas de tristeza
derraparon por la espalda
gimiendo ecos sin retorno
y ese día, entre cardos brotaron lirios de ilusión.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados

4 comentarios:

Óscar dijo...

Aunque no carece de melancolía, es un poema más ufano de lo que es habitual en ti, al menos en estos últimos tiempos. Sobre todo, derrocha luz y vida.

Hay varios versos que destacaría, empezando por el primero: "La noche anheló vestirse de luz". También me han gustado "el terso tisú del cielo" (donde hay una sutil aliteración), "el sol de tus metáforas" y los dos primeros versos de la última estrofa:

"Un suspiro quiso ser jardín en el alma
y apareciste – fortuito madrigal–"

Como siempre, un placer leerte. Un abrazo, Liz.

Montxu dijo...

Muy bello cantar, amiga mía. Tal vez un cambio en tus alrededores sea el causante, ¡Eso espero!.


Muxus

Isabel dijo...

hermoso vestir la noche con el deseo de la persona amada,

Un suspiro quiso ser jardín del alma,

creo que ahí se quedó, sí, creo que sí.

Mi abrazo, Liz

Marisol dijo...

Siento este poema lleno de luz, y no sabes cómo me alegra, Liz, que la poesía exalte la belleza del amor, y cante con alegría a la vida.
Me encantó la 'luciérnaga danzarina', el 'halo de la luna', el 'fortuito madrigal' y claro, la luz que se derrama de tus versos.
Un abrazo infinito.

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