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Acción silenciosa (Tanka)

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Imperceptible
por la senda del sueño
regresas a mí
como rayo de luna
a la vera del jazmín.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Necesidad

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Así como un sueño precisa del amor
para inspirar la levedad del vuelo
y saltar del cielo al arco de un ala,
así necesito yo de ti para volar
y surcar, como ave rumorosa,
tus valles florecidos de silencios.

Así como el rocío se posa en las flores
a la hora que el viento ondula auroras
incitando la floración,
así mi alma anhela empaparse
de tu esencia libertadora
y reverdecer en todas tus estaciones.

Así como nace una lágrima en la noche
esperando madurar en la guadaña de la luna
y morir entre unos labios enamorados,
así mi vida oscila de tus manos
a la espera de un beso de luz
que volatice sombras, e inmortalice glorias.


Porque todo lo ocupas, te necesito para ser.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.


Esperaré por ti

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Esperaré por ti apoyada en el alféizar de la esperanza
sin importar cuántos otoños en mis hombros se deshojen
o cuan frío se torne el bosque de mis manos sigilosas.

Esperaré por ti encendida cual hoguera
para despejar la noche de tu frente,
para ungirte con el agua tibia de mis besos,
para liberar tu esencia en mi existencia,
y así puedas escuchar, desde mi corazón,
tu verdadero nombre.

Esperaré por ti conteniendo el estallido de mis latidos
para que no se rompa la angustia de la espera,
si tan sólo me juras que valió cada muerte
de los segundos prisioneros en mis alas,
si me cuentas que todo bajo este sueño semiesculpido
sirvió para acercar tu camino hasta aquí.

Esperaré por ti guardando tu luz
a ras de tierra y cielo,
para la hora en que estemos juntos
se funda entre el color de nuestros cuerpos
y formemos un eterno crepúsculo entre dos.

Donde quiera que estés, sea cuál fuere tu universo,
esperaré por ti.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Sueño abisal

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Hay una lucha épica y burda entre mi frente y pecho
causa de la ilusión, que en hábil idioma morse
graba tu nombre con sus letras de sombra
en las ciegas retinas de mi corazón
llevándome en solaz travesía al fondo de tus ojos.

Me gusta soñarte bajo un mar de ensueños
aunque tu figura se vea doblemente borrosa
y la esperanza luche por respirar
-como pez de papel dentro de una bolsa de papel-
sumergida en el océano frío de tus manos.

En esta ardiente y honda oscuridad es imperiosa
la necesidad de sentir al sol entre los dedos,
de ver la luz de mis ojos reflejarse en los tuyos
y calmar la aflicción de mendigar un beso de oxígeno
que cada vez asfixia más al aire en derredor.

Rozar en sueños tu rostro de ángel
es hundirse en un abismo con paredes de cristal,
escribir puntos suspensivos con burbujas de aire
que se escapan al unir nuestras bocas
en este naufragar por tu espacio abisal.

En mis delirios, hay dos pasos de luz y dos de sombra,
partículas de lágrimas flotando por el humor vítreo del olvido,
huellas líquidas sobre un mapa que no lleva a ningún lado, 
mil sueños que ahogan constelaciones de estrellas negras
orbitando la engañosa vía láctea de mi cerebro.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

De pronto somos

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De pronto eres sueño
que emerge del foso de los deseos convertido en verbo;
el sereno rumor de las olas en verano
que traza el litoral de mi pasión;
una profunda herida restañada,
un suspiro irracional... mi vocación de paz.

De pronto soy afónica palabra
deseando ser eco en el acantilado de tu piel;
una semilla al viento
pretendiendo germinar en el Edén de tu corazón;
pávida mariposa
buscando la eternidad en la crisálida de tus manos.

De pronto somos dos gaviotas
pregonando silencios sobre un mismo mar;
dos hojas secas tatuadas de melancolía
arrastradas por nubes negras de olvido;
dos seres sin sombra
caminando por el frío desierto de un universo paralelo.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Al calor de tu voz

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“Anoche cuando dormía soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba y porque hacía llorar.”
Antonio Machado en “Anoche cuando dormía”



Acaríciame con la abundancia tierna de tu voz,
lléname el alma con los pétalos deshojados de tus labios
al pronunciar mi nombre al ras de mi boca,
hazme creer que tu voz
es el ronco susurro del viento rozando al trigal,
o el aleteo de luciérnagas fugitivas
que danzan un ritual de amor a la luz de la luna.

Dile a mi corazón que le quieres con melodioso ritmo,
como lo hacen las gotas de lluvia a los cafetales
una fría mañana de invierno.

Rompe la afonía de las horas con la fe de tus palabras
igual que el ajetreo sordo del trueno
que atiza los sentidos de la tierra árida
en espera que el cielo penetre sus entrañas con su manto húmedo
y le haga reverdecer al despertar en primavera.

Musítame versos de amor al calor de tu voz
entre la bruma espesa de tu aliento
y así como el cenzontle enamorado canta a los rayos del sol
dime que me quieres una vez más
y posa tus besos sobre mis párpados,
sólo no permitas amor, que despierte de este apacible sueño.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Al otro lado del Sol

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Habito un silente orbe que amenaza extinguirse, y es inevitable. 
En esta tierra pululaba el amor y arrebatadores manantiales,
pero ya no hay agua que los haga fluir y saciar así la sed;
la claridad de aurora se arropa con la perenne penumbra de nostalgias.

Navegué años luz en busca de vida y me perdí en la órbita de tus ojos.
Había en tu mundo un vehemente paraíso que invitaba a trascender,
a beberse a borbotones hasta la última gota de tu savia libertadora,
a delimitar fronteras en las espesas llanuras de tus valles,
a instalar imperios en el recinto de tu pecho,
a entonar un himno nuevo en tus labios.

Mas ¡ay! maldito destino disfrazado de ruinoso ventarrón,
arremetió contra toda esperanza, dejándola árida y fosca,
revelándome que en ese ajeno mundo, el amor, es una hipótesis inconclusa,
un sueño que no alcanzó a volar y calló cayó sometido en el légamo del desdén.

Vago en mi silente orbe, es inevitable, se extingue -me extingo-
muero de sed entre las sombras frías de mi planeta
y aún siento correr por mi sangre tu recuerdo, 
hálito celestial que una vez me dio vida, allá, al otro lado del Sol.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados

Hay días que te sueño

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Hay días que pienso que te sueño y he soñado que te pienso de día. Hay veces creo no existes y otras te siento tan real y mío, que no entiendo por qué no irrumpes en mí rasgándome las venas para convertirte en torrente de vida y así abras brechas en las profundidades secretas y tibias de mi alma.

No sabes que desde tiempos inmemoriales, antes que el ave cantara al alba y que la flor estirara sus pétalos para bañarse con la brisa del arroyo que nace de la montaña, ya esperaba por ti, con la misma paciencia del céfiro que aguarda cese la lluvia para salir luego a acariciar la pradera.

Aprendí a pensarte en voz baja, pero hay noches que en un grito silencioso se me escapa tu nombre, conociendo tu existencia sólo una nube errante, un grupo de silentes estrellas, el sereno que se cuela por la ventana y mi almohada, a quienes les hablo de ti hasta que sombras somnolientas se cuelgan de mis párpados y nuevamente vuelvo a soñar que te sueño.





© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Máscara

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Nada hay más mohíno que una máscara solitaria
en pleno teatro ambulante,
aún si fuese decorada con versos en flor
que le fueron arrancados a coloridas metáforas,
en el fondo seguirá sola y triste.

Pero ahonda su pena cuando acaba la obra
que un día la hizo estremecer,
porque su teatro, ese en el que se ha refugiado,
parte en busca de nuevas producciones,
dejándola abandonada en un rincón tras bambalinas.

Una vez fui detrás de uno de esos teatros,
detrás de un sueño
que terminó cuando cayó el telón de la realidad.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Insomnio

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El paso lento de las horas

rasga la noche e inquieta mi razón,
el
insistente taconeo de los segundos
se incrusta como clavos en mi mente.

Afuera, un gallo desubicado canta,
unos amantes se despiden,
tres latosos gatos maúllan,
una luciérnaga danza entre el jardín.

Seguramente en este momento
algunos estarán amando,
alguién llorará por una desilusión,
más de uno estará rezando,
otro habrá lanzado un puñado de olvido al viento.

Irritada y molesta con este insomnio
veo a las estrellas apagar su luz;
entre lecturas, leche caliente y ovejas
se acaban los minutos, es inútil,
esta noche no pude soñar contigo.



© Lissette Flores López. Derechos reservados.

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