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Letras de sombra

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Esta oscuridad de araña negra
bordeando los rincones del instinto
desova engañosas vías lácteas
de lunas cuadradas que apagan la fe
en un acto sin argumento;
de soles de blanca luz
que revisten las ciegas retinas de la razón
dibujando firmamentos dolorosos
de gusanos rojos y nubes verdes
que corroen el cerebro, y los sueños.

Y esta necesidad de sentir la quemazón
de nuevas auroras en las manos,
de escribir la palabra Amor con letras de sombra
sobre la atmósfera de la piel –su piel-,
de respirar milagros con formas vaporosas
en el monocromo espacio que precede a la asfixia,
y tejerle un sudario de olvido a la memoria.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados

Amor/Dolor… dos y uno (Ovillejos)

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I

La luz de tu sombra baña,
extraña,
con suave manto de calma
mi alma;
es presencia del dolor
tu amor.
Herida: voraz clamor,
abismo ruin que consume
huella fresca que no asume,
extraña mi alma tu amor.

II

Dulce sueño abrasador
¡Amor!
cala a besos de aguamiel
mi piel
bienquista luz que estremece
y enardece.
Rozas al tacto y parece
que el sol de eterna presencia
en ti no sabe de ausencias.
¡Amor, mi piel enardece!

III

Terca mi boca te nombra,
sombra,
voz entre bosque perdida,
-vestida-
grito entreabierto en cruz
de luz.
Rumor visto a contraluz
del suspirar en la boca
que en delirios ver provoca
sombra vestida de luz.

IV

Al cielo tu nombre clamo
¡amo!
tu aroma baña mi ermita
bendita;
sutil perfume de acacia
gracia.
Mueve mis alas y sacia
mi pecho de amor sincero,
bien sabes que con esmero
amo tu bendita gracia.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Despedida escrita en la tercer cara del papel

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Repatrio a mi rincón de soledad
cargada de recuerdos que pesan y hieren
con sólo pronunciar tu nombre.

Camino lento conteniendo el llanto ahogado de mi alma,
con lágrimas oscilando en las pestañas
pero con un sonrisa en los labios,
intentaré olvidarte.

Voy con el puño cerrado y la vista al cielo
para no golpear de frente a la vida
y ya no hacerle daño a nadie.

Deshojé el amor entre mis dedos
y vi caer al suelo uno a uno sueños desteñidos,
ilusiones marchitas y esperanzas trizadas.

Vuelve la penumbra a acomodarse a mi costado
y ni la más tenue luz de luciérnagas asomará en mi lecho.

No busco culpas, pues bien sé
que culpa mía fue perder la razón,
creer que había un mundo nuevo por descubrir en tus ojos
y obedecer a un corazón ingenuo en cosas del amor.

Ahora que el otoño estaciona en mis hombros
siento el frío de la ausencia caer en mis manos,
deseo escribirte versos de amor,
mas mi pluma se refugia en la tercer cara del papel,
esa, donde te he dedicado poemas melancólicos
que no buscan perfección,
que no saben de gramática,
que sólo desean ser un poema que no diga nada.

Siempre te buscaré allí donde comencé a quererte
en el etéreo espacio entre la pasión y fantasía
donde sin conocerte, te amé en silencio
e hice mías tus cuitas y alegrías.

Yo me quedaré con el recuerdo de tus palabras,
con tus besos, caricias y abrazos
que se convirtieron en una segunda piel
brindándome calor en horas de gélidos silencios.

Yo, yo te dejaré lo más preciado que pude darte:
mi corazón.

Adiós, amor. 


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
 

Todo está bien...

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De ti
ya no me duele nada,
ni el recordarte,
ni nombrarte,
ni soñarte,
ni sentirte,
ni el no verte,
ni encontrarte
¡Nada!
Todo está bien.

Todo está bien,
excepto aquella que no deja de pensarte,
que no para de buscarte
y que en las noches no se cansa de llamarte.

Todo está bien,
excepto aquella, la del reflejo,
la que no se aparta del espejo,
la que se desangra en seco
y que en silencio, no cesa de llorar.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Marzo

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Trae marzo aroma a recuerdos violáceos que oscilan de trémulas lágrimas en las roídas ramas de la memoria, y que a la más leve brisa de silencios se precipitan al suelo formando espesas alfombras, así como las jacarandas que cubren aquellas calles del boulevard, tan llenas de vida ayer, cenizas y mudas hoy.

Viene reanudando miradas anhelantes que traspasan empañados ventanales en busca de un peregrino vaho de ilusión por donde se ha de perder un instante el instinto, ebrio de falsas esperanzas, creyéndose que el viento caprichoso entre el jardín se transfigurará en esa silueta etérea que ronda constante en horas afónicas.

Vuelve marzo y sus murmullos de fotografías en sepia extendiéndose a paso lento ante los ojos, concitando la cansada paz de las pupilas. Regresa con sus días sobrados de soles y cortos de lunas; con sus auroras frías, tardes sofocantes y secas, crepúsculos prolongados y noches tristes llenas de pecas blancas que elevan la soledad del alma.

Llega tragándose famélico las hojas del calendario, pero siempre dejando una, la más dolorosa, la que permanece indeleble en su imperecedero transitar...

Transcurre desafiando minuto a minuto la libertad de las aves  y haciendo anhelar como nunca la sublevación de un par de alas.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Exilio voluntario

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Fui aquella que se perdió en una dimensión celeste
de versos y sentimientos.

Ingenuamente se pronunció mi interior
y el bochorno estancó mi mente al alba.

Amordacé mi querer tras la sombra de la utopía,
ahora soy la nada desengañada
que enmudeció al esparcirse la niebla.

He de buscar dónde se asila mi alma
pues declaró a mi pecho su exilio voluntario.

Padezco desnuda de fe esta metamorfosis,
esperaré en silencio un nuevo par de frágiles alas.




© Lissette Flores López. Derechos Reservados

Al otro lado del Sol

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Habito un silente orbe que amenaza extinguirse, y es inevitable. 
En esta tierra pululaba el amor y arrebatadores manantiales,
pero ya no hay agua que los haga fluir y saciar así la sed;
la claridad de aurora se arropa con la perenne penumbra de nostalgias.

Navegué años luz en busca de vida y me perdí en la órbita de tus ojos.
Había en tu mundo un vehemente paraíso que invitaba a trascender,
a beberse a borbotones hasta la última gota de tu savia libertadora,
a delimitar fronteras en las espesas llanuras de tus valles,
a instalar imperios en el recinto de tu pecho,
a entonar un himno nuevo en tus labios.

Mas ¡ay! maldito destino disfrazado de ruinoso ventarrón,
arremetió contra toda esperanza, dejándola árida y fosca,
revelándome que en ese ajeno mundo, el amor, es una hipótesis inconclusa,
un sueño que no alcanzó a volar y calló cayó sometido en el légamo del desdén.

Vago en mi silente orbe, es inevitable, se extingue -me extingo-
muero de sed entre las sombras frías de mi planeta
y aún siento correr por mi sangre tu recuerdo, 
hálito celestial que una vez me dio vida, allá, al otro lado del Sol.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados

Rumor de ausencia

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Te reservaba bajo mis párpados ternura para regalarte,
en mis manos, perpetuos vuelos de alondras,
maduros racimos de pasión en mi pecho
y una inmensa ilusión forjada con devoción en mi piel.

Pródiga iba a ti rebosando éxtasis,
todo un frenesí sería agasajarte,
quise empapar tus labios con el néctar añejo de mi boca,
mas ignoraba tu devota cópula.

Olvidado quedó mi corazón enamorado,
ayer, subsistía por ti rendido en fervor y magia,
hoy, le someto a la humillación de tu ceguera
y al dolor de tu arrogante indiferencia.

La hosca iniquidad del olvido se apodera de mí,
yo que te amaba con el cansado desvelo de mi alma
he de retornar mi camino reclamando nada,
escuchando de ti tan sólo un sordo rumor de ausencia.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

A veces callo

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A veces, cuando mis letras cansan y hasta mis propias palabras aburren, me vuelvo refugio de melancolía y callo al silencio hacinándolo en una gaveta del buró, de la que en ocasiones se escapan gemidos, anhelos, lamentos… una canción, esa que enhebra suspiros a la aguja del olvido que pronto ha de remendarme el corazón.

Sola, a la sombra de elegías ajenas, veo lo ilusa que soy sujetando sus versos entre las manos, y de nueva cuenta su sentimiento forma un río caudaloso en mis venas haciendo temblar los límites de mi pasión, pero a la vez, extinguiendo mi escaso suministro de verdades y sueños, creyéndome huérfana de todo y decepcionada de todos, principalmente de mi.

Bajo entonces la voz a los sótanos del alma, me amparo en el mar de mis emociones y decido alejarme de ti, porque de alguna forma, mansa y dulcemente, me hieres, sintiendo morir bajo el vientre de la silente noche, porque en horas como ésta, de puntual soledad, aún me dueles.



© Lissette Flores López. Derechos reservados.

Mentiras

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Palabras vacías y letales,
verdades amordazadas
que desgarran el alma,
ahogan voluntades,
finiquitan ilusiones,
amargan y marchitan.

¡Ay, dolor y angustia!
Pobre lirio muriendo
en la eterna primavera
pisoteado por el engaño,
mejor es que lo dejen tirado
el tiempo sabrá qué hacer.



© Lissette Flores López. Derechos reservados

Cómo me dueles, Luna

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Un susurro advirtió a mi pecho el menguar de tus latidos.
Busqué en el eclipse del cuarto oscuro
pero tu halo de luna se fugó de mi noche estrellada
rompiendo el encanto de la hoguera encendida.

Me duele tu pálido recuerdo de luz azulada,
donde los despojos de horas amargas resbalan
incitando a tus silentes palabras
diluirse inmersas en la soledad de mis venas.

Suspiros desoladores rastrean vestigios
de breves nubes de esperanza
en medio de remolinos de polvo
intentando disipar rancios temores.

Duele esta piel sin voz avanzando sinuosa
en busca del calor que inspiras a mi corazón;
oteo el cielo y su escenario en derredor,
mas los atajos del norte en tus ojos desvían la razón.

Lastimeros gemidos minan los cráteres del alma
en exceso de sucesos, enlazan motivos
entre sueños escondidos y olas de ardiente dolor
me embisten en esta laguna de lágrimas.

Me dueles, Luna, en la puntualidad de tu ausencia,
sin tu presencia no soy más que sombra y frío...
Anhelo entre mis brazos arrullarte y tararear
un dulce canto al compás del aleteo de luciérnagas
que donan sus destellos para que vuelvas a brillar.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Ilusa paloma

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Remontaste tus alas entre vientos de ilusión,
creíste un día su corazón tu nido sería
¡Oh ilusa mía! una paloma y un águila
jamás en tálamo de pasión morarían
¡Qué lejos ansiaste volar!

La realidad te condenó al confín de la soledad,
tú, que vivías por ese amor, ahora mueres.
Retorna devastada a tu palacete de pino seco,
arráncate las alas en la hora agria del crepúsculo
y acurrúcate a sollozar en el seno del silencio.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
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