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A solas con su recuerdo

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Cuevas de la Candelaria, Cobán, Alta Verapaz

Ya no somos dos en la cima de la vida,
ahora soy sima profunda
que contiene tus restos,
y me hundo, como lluvia de luz,
en esta penumbra
de auténticos silencios
añorando tus ojos,
y los sonidos del amor amaneciendo.

El tiempo sin ti
es un glifo tallado a sangre y llagas
en las enmohecidas paredes de la memoria.
Pierde sentido a cada segundo
y es tan cruel como frío abrazo
que recorre la oquedad de las horas
convirtiendo todo en un paisaje helado.

Sólo el eco de mi voz
dilata la débil llama de tu recuerdo
al fondo de esta pena cristalizada
que aún conserva el aroma a bruma espesa.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados

En cada latido

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Y luchó contra el sueño y el desvelo,
el asombro y la apatía,
la razón y negación;
incluso, con días de indecisas alboradas
y cárdenos ocasos que se enredaban
en el cetrino dosel de la floresta,
como su añoranza entre débiles cenizas.

Mas no pudo con la abismal lejanía
que se mantuvo aterida en cada latido
que de amor tañía triste
a la sombra de una silenciosa espera.

Ya ni los viejos poemas,
ni las gastadas melodías
son compañía para esta noche
en que el rumor del viento
llena un vacío de ausencia
-que es otra forma de presencia-
y ya nada importa.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Marzo

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Trae marzo aroma a recuerdos violáceos que oscilan de trémulas lágrimas en las roídas ramas de la memoria, y que a la más leve brisa de silencios se precipitan al suelo formando espesas alfombras, así como las jacarandas que cubren aquellas calles del boulevard, tan llenas de vida ayer, cenizas y mudas hoy.

Viene reanudando miradas anhelantes que traspasan empañados ventanales en busca de un peregrino vaho de ilusión por donde se ha de perder un instante el instinto, ebrio de falsas esperanzas, creyéndose que el viento caprichoso entre el jardín se transfigurará en esa silueta etérea que ronda constante en horas afónicas.

Vuelve marzo y sus murmullos de fotografías en sepia extendiéndose a paso lento ante los ojos, concitando la cansada paz de las pupilas. Regresa con sus días sobrados de soles y cortos de lunas; con sus auroras frías, tardes sofocantes y secas, crepúsculos prolongados y noches tristes llenas de pecas blancas que elevan la soledad del alma.

Llega tragándose famélico las hojas del calendario, pero siempre dejando una, la más dolorosa, la que permanece indeleble en su imperecedero transitar...

Transcurre desafiando minuto a minuto la libertad de las aves  y haciendo anhelar como nunca la sublevación de un par de alas.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Rumor de ausencia

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Te reservaba bajo mis párpados ternura para regalarte,
en mis manos, perpetuos vuelos de alondras,
maduros racimos de pasión en mi pecho
y una inmensa ilusión forjada con devoción en mi piel.

Pródiga iba a ti rebosando éxtasis,
todo un frenesí sería agasajarte,
quise empapar tus labios con el néctar añejo de mi boca,
mas ignoraba tu devota cópula.

Olvidado quedó mi corazón enamorado,
ayer, subsistía por ti rendido en fervor y magia,
hoy, le someto a la humillación de tu ceguera
y al dolor de tu arrogante indiferencia.

La hosca iniquidad del olvido se apodera de mí,
yo que te amaba con el cansado desvelo de mi alma
he de retornar mi camino reclamando nada,
escuchando de ti tan sólo un sordo rumor de ausencia.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Amor a distancia

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“Amor a la distancia”

Avanza este amor doblegando la sensatez a golpe de silencios,
con su fragancia seductora de ausencias y penumbra
aviva la hoguera de la nostalgia
alentando a la distancia a bosquejar mi silueta
en el claroscuro de un lánguido rumor de plenilunio,
convirtiéndome en sombra que vaga mansamente,
volatizándose al roce de tu sutil luz de farola
entre delirios de una ilusión que alucina con su muerte.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Cómo me dueles, Luna

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Un susurro advirtió a mi pecho el menguar de tus latidos.
Busqué en el eclipse del cuarto oscuro
pero tu halo de luna se fugó de mi noche estrellada
rompiendo el encanto de la hoguera encendida.

Me duele tu pálido recuerdo de luz azulada,
donde los despojos de horas amargas resbalan
incitando a tus silentes palabras
diluirse inmersas en la soledad de mis venas.

Suspiros desoladores rastrean vestigios
de breves nubes de esperanza
en medio de remolinos de polvo
intentando disipar rancios temores.

Duele esta piel sin voz avanzando sinuosa
en busca del calor que inspiras a mi corazón;
oteo el cielo y su escenario en derredor,
mas los atajos del norte en tus ojos desvían la razón.

Lastimeros gemidos minan los cráteres del alma
en exceso de sucesos, enlazan motivos
entre sueños escondidos y olas de ardiente dolor
me embisten en esta laguna de lágrimas.

Me dueles, Luna, en la puntualidad de tu ausencia,
sin tu presencia no soy más que sombra y frío...
Anhelo entre mis brazos arrullarte y tararear
un dulce canto al compás del aleteo de luciérnagas
que donan sus destellos para que vuelvas a brillar.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Un beso de muérdago

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Llega diciembre y al común sentido lo releva un sinsentido,
y no incide dolor, sólo florece un beso en el muérdago
que pende del umbral de la puerta;
de nuevo la añoranza trasciende a la añoranza.

Nada en este mundo libera al corazón
de la excitación que le aprisiona,
si todo pensamiento trae el aroma de su ausencia
¿qué hacer para no extrañarle especialmente en esta época?

La muerte no impone barreras al amor,
aquel ser que amamos y emigró a su remanso de paz,
se convierte en verso sublime del alma
y  renace desde la celestial dulzura del sentimiento.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

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