Y luchó contra el sueño y el desvelo,
el asombro y la apatía,
la razón y negación;
incluso, con días de indecisas alboradas
y cárdenos ocasos que se enredaban
en el cetrino dosel de la floresta,
como su añoranza entre débiles cenizas.
Mas no pudo con la abismal lejanía
que se mantuvo aterida en cada latido
que de amor tañía triste
a la sombra de una silenciosa espera.
Ya ni los viejos poemas,
ni las gastadas melodías
son compañía para esta noche
en que el rumor del viento
llena un vacío de ausencia
-que es otra forma de presencia-
y ya nada importa.
© Lissette Flores López. Derechos Reservados.


