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Tristeza

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¿Qué es Tristeza?

Tristeza es ver llover en tu mirada y no poder acercarme a ti para enjugar a besos tus cristalinas lágrimas.

Tristeza es notar que en tu corazón hay un fuego helado que quema tus ansias, cuando en el mío arde una hoguera que calcinarse en ti suplica.

Tristeza es sentir la impotencia que sufre mi alma al no poder borrar de tu angelical rostro esa tormenta que lo arrasa.

Tristeza es 
descubrir que eres manantial de agua viva que mi sed demanda
y que ciego te muestras al deseo que mi presencia emana.

Tristeza es proclamarte, mi dulce tormento,
pasión distante y extraña que lentamente me mata.

Tristeza es amarte en silencio,
y saber que no me amas.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Sueño abisal

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Hay una lucha épica y burda entre mi frente y pecho
causa de la ilusión, que en hábil idioma morse
graba tu nombre con sus letras de sombra
en las ciegas retinas de mi corazón
llevándome en solaz travesía al fondo de tus ojos.

Me gusta soñarte bajo un mar de ensueños
aunque tu figura se vea doblemente borrosa
y la esperanza luche por respirar
-como pez de papel dentro de una bolsa de papel-
sumergida en el océano frío de tus manos.

En esta ardiente y honda oscuridad es imperiosa
la necesidad de sentir al sol entre los dedos,
de ver la luz de mis ojos reflejarse en los tuyos
y calmar la aflicción de mendigar un beso de oxígeno
que cada vez asfixia más al aire en derredor.

Rozar en sueños tu rostro de ángel
es hundirse en un abismo con paredes de cristal,
escribir puntos suspensivos con burbujas de aire
que se escapan al unir nuestras bocas
en este naufragar por tu espacio abisal.

En mis delirios, hay dos pasos de luz y dos de sombra,
partículas de lágrimas flotando por el humor vítreo del olvido,
huellas líquidas sobre un mapa que no lleva a ningún lado, 
mil sueños que ahogan constelaciones de estrellas negras
orbitando la engañosa vía láctea de mi cerebro.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Sucede

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Sucede que en noches como esta
pienso en ti,
y me enamoras,
y me entristeces.

Me enamoras como el halo de luna
enamora al farol que se esconde entre la niebla,
y me entristeces
como la brisa marina entristece a la cortina en la ventana
cuando no le alcanza a rozar con su aroma a mar.

Sucede entonces que en horas como esta
el olvido sucede a versos que te hablaron de amor,
lánguidos gemidos se exilian del pecho
esparciendo sus migajas de desconsuelo.

Me ovillo entre sombras de lágrimas secas
y un hálito de tristeza me envuelve el alma
al oír el pertinaz murmullo de una voz...
¡Sucédele tiempo!
¡Anticípate muerte!


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Despedida escrita en la tercer cara del papel

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Repatrio a mi rincón de soledad
cargada de recuerdos que pesan y hieren
con sólo pronunciar tu nombre.

Camino lento conteniendo el llanto ahogado de mi alma,
con lágrimas oscilando en las pestañas
pero con un sonrisa en los labios,
intentaré olvidarte.

Voy con el puño cerrado y la vista al cielo
para no golpear de frente a la vida
y ya no hacerle daño a nadie.

Deshojé el amor entre mis dedos
y vi caer al suelo uno a uno sueños desteñidos,
ilusiones marchitas y esperanzas trizadas.

Vuelve la penumbra a acomodarse a mi costado
y ni la más tenue luz de luciérnagas asomará en mi lecho.

No busco culpas, pues bien sé
que culpa mía fue perder la razón,
creer que había un mundo nuevo por descubrir en tus ojos
y obedecer a un corazón ingenuo en cosas del amor.

Ahora que el otoño estaciona en mis hombros
siento el frío de la ausencia caer en mis manos,
deseo escribirte versos de amor,
mas mi pluma se refugia en la tercer cara del papel,
esa, donde te he dedicado poemas melancólicos
que no buscan perfección,
que no saben de gramática,
que sólo desean ser un poema que no diga nada.

Siempre te buscaré allí donde comencé a quererte
en el etéreo espacio entre la pasión y fantasía
donde sin conocerte, te amé en silencio
e hice mías tus cuitas y alegrías.

Yo me quedaré con el recuerdo de tus palabras,
con tus besos, caricias y abrazos
que se convirtieron en una segunda piel
brindándome calor en horas de gélidos silencios.

Yo, yo te dejaré lo más preciado que pude darte:
mi corazón.

Adiós, amor. 


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
 

Corazón partido

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                            Sola                              a la sombra
                  de  un  corazón               partido  que se torna
            en fútil ala de                        ausencia   y  melancolía,
        el silencio congela mi                   alma, luego que el amor
      ahogara   la   calma.                  No logro borrar tu recuerdo
       ni apartar tu mirada                de mi mente,  de mis sueños.
        Estás presente en el                sutil susurro de la brisa que
         azota el ventanal,                   impidiendo obrar al olvido
           y calcándote inicuo             en mi piel como tatuaje de
            tinta indeleble,            formándome una segunda piel.
              Tengo el cora-          zón roto e irracionalmente te
                 pienso y siento,        creyendo  por momentos
                   asfixiarme   de         dolor,   deseando   tan
                     solo despertar       un  día  con  amnesia
                        de ti y de tu       nombre. Esperando
                           que  en  la         soledad  de  las
                              paredes de    mi habitación,
                                   el eco       de  sollozos
                                        de      mi corazón
                                                  ayuden a
                                                  mis  lá-
                                                 gri-
                                                ma
                                                s
                                            
                                                a
                                               vo-
                                               lati-
                                           lizar  mi
                                        pena,  como
                                      vaho  al  viento
                                      en una invernal
                                         mañana  de
                                            febrero.


© Lissette Flores López. Derechos reservados



 



Cómo me dueles, Luna

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Un susurro advirtió a mi pecho el menguar de tus latidos.
Busqué en el eclipse del cuarto oscuro
pero tu halo de luna se fugó de mi noche estrellada
rompiendo el encanto de la hoguera encendida.

Me duele tu pálido recuerdo de luz azulada,
donde los despojos de horas amargas resbalan
incitando a tus silentes palabras
diluirse inmersas en la soledad de mis venas.

Suspiros desoladores rastrean vestigios
de breves nubes de esperanza
en medio de remolinos de polvo
intentando disipar rancios temores.

Duele esta piel sin voz avanzando sinuosa
en busca del calor que inspiras a mi corazón;
oteo el cielo y su escenario en derredor,
mas los atajos del norte en tus ojos desvían la razón.

Lastimeros gemidos minan los cráteres del alma
en exceso de sucesos, enlazan motivos
entre sueños escondidos y olas de ardiente dolor
me embisten en esta laguna de lágrimas.

Me dueles, Luna, en la puntualidad de tu ausencia,
sin tu presencia no soy más que sombra y frío...
Anhelo entre mis brazos arrullarte y tararear
un dulce canto al compás del aleteo de luciérnagas
que donan sus destellos para que vuelvas a brillar.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

¿Alguien ha visto a Cupido?

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"Mujer joven defendiéndose de Eros"
de William Bouguereau

Es imperativo que le encuentre,
debo reprocharle su infame avería
pues cada vez que me atina un flechazo
me aleja del cielo y al infierno me confina.

Habiendo tantos corazones anhelantes de amor
se empeña en tomar el mío
para su práctica de tiro al blanco,
¡es un despiadado que disfruta su retozo¡

El veneno amargo de sus saetas
causa a mi alma dolor y hastío,
oprime mi pecho y lo vuelve caprichoso,
me mareo en este laberinto de ansias.

De su aljaba sacaré sus flechas malditas
y las destruiré -incluso, la que atraviesa mi corazón-
así evitaré que alguna alcance
a aquel de quien me ha enamorado.

Antes de exiliarlo le arrancaré una pluma,
con ella escribiré sobre mi piel el nombre del amor mío,
con la tinta de lágrimas frías que gotean
de las grietas enmohecidas de mi tristeza.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
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