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Involuntaria obsesión

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Lago de Atitlán, Sololá
Foto de MundoChapín

¿Qué obliga a esta obsesión
renacer involuntaria
cuando pronuncio su nombre,
y sus caricias intangibles
oscilan en mi cuerpo
estremeciéndome inconclusa?

No es el sigilo de esta fría noche
que aplaca voces azules
de astros lejanos
y de sombras sobre la tierra.
Ni la certeza de un agosto huidizo
que moldea distancias
en un temblor de labios
humedeciendo deseos dormidos.

Es, en sí, el destello de su mirada
- laguna de celeste melancolía-
que aviva en secreto quimeras
desde la memoria del corazón,
allí, donde yace la inocencia de este amor
que perturba la razón de mi vesania.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Poesía

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Pintura de Iman Maleki

"Ahora h
abré de reinventarme,
        mi sed sólo será de versos"
               Mercurio


Cuando me llega tu rumor de metáfora, los contrarios a los epítetos de mis realidades giran en torno a mi pensativa melancolía.  No es que te viese a ti, Poesía, en las lágrimas ocultas tras tus palabras; eres algo que ya existía en mi mundo, como esa tibia aurora de ambarinos brillos que reposa sobre mis hombros en las frías mañanas de diciembre; o la brisa de eterna primavera que libera y refresca al  corazón.  Eres, además, un calor frío dentro de mí que quema los sentidos; feroz herida y continua muerte que a ti me liga con perpetuos lazos.

Te percibo en la orfandad de mis manos al deshojar la esperanza desde la nada, y te noto en la sensibilidad de mis labios ante un dulce beso al otro lado del horizonte que consigue atravesar mi existencia, como rayo portentoso, a la velocidad del instinto.

Obrera del verso soy. Habré de fraguar el camino que no me lleve a perderme en ti, con la convicción de que, por mucho, seguirás siendo la luz y sombra de mi vida, el aire que aspiro quince veces por minuto, el fuego enclaustrado en las grietas de la tierra, la raíz asida a la profundidad de añosos bosques, el poema que convierte lo idéntico, en sí mismo.




© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Liras de amor y melancolía

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Versando a dúo con mi querido amigo y poeta, Joaquín Galán.


Amoroso tormento,
triste causa de la melancolía
que en mi corazón siento,
pon fin a mi agonía
amándome como la aurora al día.

Como un suave murmullo,
cual susurro del viento en el hayedo,
me llega a mí tu arrullo,
con tu canción me quedo
y en sus mágicas notas yo me enredo.

Mis versos son palomas
que, cruzando la mar, hasta ti vuelan;
regresan con aromas
a risa, que desvelan
que tus penas con ellos se consuelan.

La luz de tu poesía
logró el batir de las alas de un hada;
ella convirtió en día
mi noche más cerrada,
¡dulce licor de mi alma enamorada!

Es tu ondulado pelo
refugio de mis lágrimas tardías;
cuando el azul del cielo
se borra de mis días,
oculto en él todas las ansias mías.

Déjame tu tristeza,
cuéntame los motivos de tu duelo;
bien sabes, con certeza,
que para tu consuelo,
mi vida es también tuya, sin recelo.

Son dos lagos serenos
tus ojos cuando miran a los míos;
si miran los ajenos
se convierten en ríos
que me arrastran hasta mares sombríos.

Estos lagos serenos,
de tu dulce mirar tienen antojos;
se mostrarían llenos
de sórdidos enojos
si no pudieran ver tus verdes ojos.



Joaquín publica en:



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

De pronto somos

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De pronto eres sueño
que emerge del foso de los deseos convertido en verbo;
el sereno rumor de las olas en verano
que traza el litoral de mi pasión;
una profunda herida restañada,
un suspiro irracional... mi vocación de paz.

De pronto soy afónica palabra
deseando ser eco en el acantilado de tu piel;
una semilla al viento
pretendiendo germinar en el Edén de tu corazón;
pávida mariposa
buscando la eternidad en la crisálida de tus manos.

De pronto somos dos gaviotas
pregonando silencios sobre un mismo mar;
dos hojas secas tatuadas de melancolía
arrastradas por nubes negras de olvido;
dos seres sin sombra
caminando por el frío desierto de un universo paralelo.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Algo

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Percibo algo que me hace insistir correr el mohíno telón de la noche y soñar con lunas de cristal, con estrellas de hielo, caricias de colibrí y con la áfona voz del tiempo cruzando puentes antañones de yermos ayeres que se pierden por instantes en la aurora de su castaño mirar.

Empero, algo sigue vacío en mi costado y hace que extrañe hondamente a mi inherente melancolía.  He intentado deshilvanarme una y otra vez esta dolorosa quimera del pecho, pero al punto de zafar el último hilo, le vuelvo a unir a mi alma con un desgarrador remiendo. Ya no tengo fuerza para seguir venerando el fantasma de una bella utopía.

Algo siento en mí, no es un sentimiento ignoto, pero ya no es motivo de silencios. Me impulsa a caminar por senderos nuevos, a abandonar este frío orbe de sombras.  Es tan cálido como una hoguera en invierno y tan sereno como los rayos de sol abrazando los hombros de mi madre al atardecer.  

Aguardaré la floración de las orquídeas para escuchar el murmullo de abejas que vendrán con sus alas impregnadas del aroma a miel de uno más de sus versos de amor.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Tan cercano, tan mío

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Cada vez que no quiero pensarte
te apareces -arroyo de melancolía-
en el caudal de mi sombra.

Disfrazado de velo sombrío
agitas mi alma dormida
clavando púas en mis sueños
que inducen al vértice de la locura
y te siento tan cercano, tan mío.

Cautiva de tu perverso conjuro
me diluyo a gotas de aflicción y ardor
por las mustias paredes de la habitación.

Escucho gemir al silencio ¡se muere!
ahorcado entre astillados hilos de tristeza;
en tanto, el amor me cubre con su capa de ilusión
y entre más me asfixia con su ropaje de quimera
más cercano te siento y cada vez más mío.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Corazón partido

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                            Sola                              a la sombra
                  de  un  corazón               partido  que se torna
            en fútil ala de                        ausencia   y  melancolía,
        el silencio congela mi                   alma, luego que el amor
      ahogara   la   calma.                  No logro borrar tu recuerdo
       ni apartar tu mirada                de mi mente,  de mis sueños.
        Estás presente en el                sutil susurro de la brisa que
         azota el ventanal,                   impidiendo obrar al olvido
           y calcándote inicuo             en mi piel como tatuaje de
            tinta indeleble,            formándome una segunda piel.
              Tengo el cora-          zón roto e irracionalmente te
                 pienso y siento,        creyendo  por momentos
                   asfixiarme   de         dolor,   deseando   tan
                     solo despertar       un  día  con  amnesia
                        de ti y de tu       nombre. Esperando
                           que  en  la         soledad  de  las
                              paredes de    mi habitación,
                                   el eco       de  sollozos
                                        de      mi corazón
                                                  ayuden a
                                                  mis  lá-
                                                 gri-
                                                ma
                                                s
                                            
                                                a
                                               vo-
                                               lati-
                                           lizar  mi
                                        pena,  como
                                      vaho  al  viento
                                      en una invernal
                                         mañana  de
                                            febrero.


© Lissette Flores López. Derechos reservados



 



Céfiros de luz

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Dicen que la Piedra de Bolonia
luego de calcinada y expuesta al sol absorbe los rayos
y puede al punto iluminar en las sombras.
Entonces,
me hago la idea que apacibles céfiros rozan tus labios,
y tras desplazarse en espirales ráfagas,
cual esponjas de luz,
vienen empapados de ti a posarse sobre los míos
convirtiendo todo en sagrado y perfecto.
Me rocían con tu albor de primavera
y dejan el aroma a verso, flores y olivos,
a ternura, melancolía y lágrimas
que emana de la solapa de tu abrigo.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Como el Sol y la Luna

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Así como la Luna fue condenada por los dioses
a amar al Sol en distancia de roces,
así me siento condenada a amarte de lejos
sin poder sentir ni tus brazos, ni tus besos.

Por las mañanas te avistaré en silencio
evadiendo el brillo intenso de tu mirada,
de noche evocaré tu haz de luz tardía
asida a sonidos melancólicos de un arpa.

Ya no cabalgarán los sueños en el lomo de la utopía,
a la postre, el Sol expiró en el horizonte para mí.






© Lissette Flores López. Derechos Reservados.



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