Cada vez que no quiero pensarte
te apareces -arroyo de melancolía-
en el caudal de mi sombra.
Disfrazado de velo sombrío
agitas mi alma dormida
clavando púas en mis sueños
que inducen al vértice de la locura
y te siento tan cercano, tan mío.
Cautiva de tu perverso conjuro
me diluyo a gotas de aflicción y ardor
por las mustias paredes de la habitación.
Escucho gemir al silencio ¡se muere!
Escucho gemir al silencio ¡se muere!
ahorcado entre astillados hilos de tristeza;
en tanto, el amor me cubre con su capa de ilusión
y entre más me asfixia con su ropaje de quimera
más cercano te siento y cada vez más mío.
© Lissette Flores López. Derechos Reservados.


