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Ignora el mar

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Ignora el mar que tiembla la solitaria playa
cada vez que le roza con su caricia de espuma
y le susurra resonancias líquidas
en su lenguaje de acantilado.

Que a expensas de su rugir azul
confunde ella el albor y las nubes,
las dudas dunas y las sombras,
los sueños y las gaviotas.

Que aguarda febril cada ola en su vaivén
para bañar sus ansias en miel salobre,
para descorrer silencios y ausencias
y redescubrir los esplendores de la vida
en su inmensa mirada verde.

Que a cada gramo de arena
le ha grabado su eterno nombre
con el alfabeto negro de la noche,
y que le ama,
como ama el oscuro misterio
sus albos reflejos a plena luz.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Ocaso de gaviotas

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Dispuesto el sol a reposar su incansable burbujeo luminoso
se retira en medio del suave aliento de la tarde
moteando de ocre y lavanda lienzos de cielo
que caen sobre el horizonte
estremeciendo el remanso de las rocas.

Más allá, sobre el estero, danzan unas gaviotas enamoradas
al compás de la brisa rozando alhelíes;
tiembla un viento libertador entre sus alas
y en sus ojos se refleja la plenitud de su (a)mar.

Alían su espacio a la tibieza de sus picos de cristal
y deslizan sus caricias de pluma por la lenta orilla del ocaso;
al hacinarse la noche en el seno de la ermita
se engendra una voz certera en el centro del alma.

La quietud de las sombras sobre las piedras bañadas de espuma,
el tatuaje de luz de estrellas sobre la arena,
el sempiterno juramento de soles permanentes...
un resquicio de alegría alimentado por el rumor de auroras.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

De pronto somos

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De pronto eres sueño
que emerge del foso de los deseos convertido en verbo;
el sereno rumor de las olas en verano
que traza el litoral de mi pasión;
una profunda herida restañada,
un suspiro irracional... mi vocación de paz.

De pronto soy afónica palabra
deseando ser eco en el acantilado de tu piel;
una semilla al viento
pretendiendo germinar en el Edén de tu corazón;
pávida mariposa
buscando la eternidad en la crisálida de tus manos.

De pronto somos dos gaviotas
pregonando silencios sobre un mismo mar;
dos hojas secas tatuadas de melancolía
arrastradas por nubes negras de olvido;
dos seres sin sombra
caminando por el frío desierto de un universo paralelo.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

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