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Acción silenciosa (Tanka)

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Imperceptible
por la senda del sueño
regresas a mí
como rayo de luna
a la vera del jazmín.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Arroyito

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Foto de Adrián González D.

Quisiera, en tu camino, ser brisa zalamera
y acompañarte en un eterno viaje
de incesantes anhelos.
Ser sombra abandonada a la orilla de tu silencio
y estremecerme al roce de tu caricia de seda.

Cual lánguida hoja seca
flotar lento en lo puro y manso de tu cauce
para cantarte melodías de cristal
ante la mirada celosa de la luna.

Dichosa angustia de buscar tu murmullo,
trémulo y lejano,
en el perfume que tu amor destila
bajo esta tierra seca.
Amarga inquietud de percibirte –grácil delirio-
cuando te alejas en celeste ascensión.

Corre mi boca tras tu rumor tibio
y mis labios se desbordan a besos 
en tu paisaje de otoño.
Me besas con tu canción de agua
y mi alma gime en tu vertiente
un te quiero, te adoro, te amo.
¿Le escuchas?



© Lissette Flores López. Derechos Reservados

Necesidad

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Así como un sueño precisa del amor
para inspirar la levedad del vuelo
y saltar del cielo al arco de un ala,
así necesito yo de ti para volar
y surcar, como ave rumorosa,
tus valles florecidos de silencios.

Así como el rocío se posa en las flores
a la hora que el viento ondula auroras
incitando la floración,
así mi alma anhela empaparse
de tu esencia libertadora
y reverdecer en todas tus estaciones.

Así como nace una lágrima en la noche
esperando madurar en la guadaña de la luna
y morir entre unos labios enamorados,
así mi vida oscila de tus manos
a la espera de un beso de luz
que volatice sombras, e inmortalice glorias.


Porque todo lo ocupas, te necesito para ser.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.


Te llamo en versos

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Acaricio silencios con aroma a ti
y vuela entonces mi boca para besarte,
se me cierran los ojos a la paz de tu noche,
lejos de tu cabello enredado de ausencias
y de tu mirada de ocaso de mil voces.

¡Oh! luna ardiente, bien sabes que te llamo,
que mis versos te nombran,
que regreso silente de la luz a la sombra,
si conmigo, mi vida, no estás.

Abro los ojos al cielo de tu alborada
y despierto a mitad de otro sueño,
amanece la hierba y el rocío,
el valle, el jilguero y la brisa
la niebla al bosque abrazada,
todo, menos tu cuerpo junto al mío.

¡Oh! sol naciente, bien sabes que te (ll)amo,
que mis versos te nombran,
que tu luz difumina las sombras,
si conmigo, mi vida, estás.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Tú y la luna

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Haikus

Versos compartidos con mi buen amigo Joaquín Galán.
¡Mil gracias, Joaquín!  


Liz
Versos de luna,
serendipia engarzada
nuestros poemas.

Jero
Nuestros poemas,
seguiriyas con duende
bajo la luna.

Bajo la luna,
voz de estrella dormida
elevas mi alma.

Elevas mi alma,
como un cometa errante
en cielo negro.

En cielo negro
titilan nuestras almas,
fulgor de luna.

Fulgor de luna,
brilla más tu mirada
que cualquier astro.

Que cualquier astro
eclipse su azul luz
en tu mirada.

En tu mirada
se refleja mi alma:
¡levita, ensueño!

Levita ensueño
al Edén de sus labios,
besos de luna.

Besos de luna,
nuestros labios unidos
entre magnolias.





© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

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Al soslayo de la luna

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Tú, que avivas la fragua de vida
con tus piélagos de luz,
alarga esta realidad suprema
con tus besos de orquídea
y desenreda en mi boca la telaraña
que asfixia versos que desean resurgir
y grabarse en tu piel de numen.

Al soslayo de la luna
te ofrendo, mi bien,
un cosmos líquido
creado con cristalinas lágrimas
que brotan en lenta palpitación
de mi corazón cautivo del tuyo.

Celeste sensación, azul melodía
tus ojos, la noche, tu voz,
tus labios susurrándole a los míos
nuevas caricias de amor.

¡Divina calma!
cuando mis manos te alcanzan
y mis brazos te estrechan
tu alma de cristal ilumina el cielo
y mil hados se abisman en tu pureza infinita.





© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Tenían tus besos sabor a menta

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Qué saben en este mundo de locos violentos, de locos fantásticos y de locos que como yo, nos cuesta tanto fingir que somos cuerdos. Qué saben lo que es caminar de la mano de la vida, sin alma, sin corazón. Qué saben del amor inmortal, de las lágrimas surcando la oscuridad de la noche, de los barriletes que se elevaron al cielo y se quedaron allí…

  A: M. J.
Eternamente tierra, árbol, lluvia, viento, Luna... vos.

Tenían tus besos sabor a menta fresca recién rociada por la lluvia. Tu saliva era exquisita infusión que cubría mi cuerpo y que al evaporarse al calor de tu piel, despertaba mis sentidos como estimulante aromaterapia. Solo vos sabías que la noche alcanzaba su forma exacta cuando rebautizábamos nuestros cuerpos y yo ideaba un nuevo nombre para tu espalda, tu pecho, tus besos, el alba...

¿Qué será de nuestro ardor, sudor y saliva? me decías sujetándome fuerte contra tu pecho. Posiblemente un niño bendito por Dios, o una estrella fugaz, o quizá un pequeño barrilete enredado en una nube; te respondía, buscando tus labios a la luz de tus ojos.

Suenan tan vivas nuestras conversaciones, pero están tan llenas de marchitos sueños.  ¿Te acordás? vos concluirías la universidad e irías a trabajar a la televisora; yo escribiría poemas y cuentos infantiles. Viviríamos en un cuartito en el último piso del cielo, tendríamos un jardín de coloridas hierberas que atraerían mariposas y colibríes. No pagaríamos luz porque la luna iluminaría nuestras horas, nuestras noches, nuestras vidas.

Cómo quisiera volver aquel zaguán donde te leí un poema escrito en una servilleta de papel. Besarte y descubrir que todavía seguís teniendo sabor a menta. Olvidar que la vida te arrancó de mi lado como hoja seca al viento, y que yo soñaba con vivir eternamente enamorada adentro de vos, que sería la mujer más llena de vida, la más feliz, si no del mundo, al menos del Barrio de la Recolección.

Ahora soy sin caer en cuenta, apenas un recuerdo de lo que un día soñamos ser.

Por eso en noches como esta, cuando siento que la vida cada vez pesa más, corro a esconderme tras tu recuerdo y te busco inútilmente, sabiendo que nunca más volveré a encontrar tan dulce y divino sabor, como el de la menta fresca en tus labios.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Como un lobo

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Acéchame,
invádeme,
agótame,
sacrifícame,
¡soy tuya!
Esta es la hora, lo presiento
esta es tu hora en mi vida.

Soy la pasión profana
que te llama, que te aúlla
que te quema y te consume.
Rásgame el pecho para entregarte el corazón.

Llevas mi sello de pasión no saciada.
Explórame, soy tu ruta ineludible
y vos, la lucha interna que despierta al tocarte en sueños.

Sítiame y haz temblar mis límites,
yo correré libre por la estepa de tu piel
y aullaremos orgasmos a la luz de la luna
pero acéchame,
invádeme,
tómate,
agótame,
destrózame,
¡ámame!
porque esta es tu hora
y yo soy tu presa.



 © Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Cómo me dueles, Luna

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Un susurro advirtió a mi pecho el menguar de tus latidos.
Busqué en el eclipse del cuarto oscuro
pero tu halo de luna se fugó de mi noche estrellada
rompiendo el encanto de la hoguera encendida.

Me duele tu pálido recuerdo de luz azulada,
donde los despojos de horas amargas resbalan
incitando a tus silentes palabras
diluirse inmersas en la soledad de mis venas.

Suspiros desoladores rastrean vestigios
de breves nubes de esperanza
en medio de remolinos de polvo
intentando disipar rancios temores.

Duele esta piel sin voz avanzando sinuosa
en busca del calor que inspiras a mi corazón;
oteo el cielo y su escenario en derredor,
mas los atajos del norte en tus ojos desvían la razón.

Lastimeros gemidos minan los cráteres del alma
en exceso de sucesos, enlazan motivos
entre sueños escondidos y olas de ardiente dolor
me embisten en esta laguna de lágrimas.

Me dueles, Luna, en la puntualidad de tu ausencia,
sin tu presencia no soy más que sombra y frío...
Anhelo entre mis brazos arrullarte y tararear
un dulce canto al compás del aleteo de luciérnagas
que donan sus destellos para que vuelvas a brillar.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Cuando duermes

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"Psique viendo dormir a Eros"
de Nicolas de Courteille

La luna pinta horizontes escarlata sobre sábanas de seda,
rollizos querubines dormitan en tus párpados
al son de cítaras que emiten las cuerdas de tus pestañas;
rasguño el cáustico desvelo incitada por la curvatura de tus labios
y mi mirada surca sin rumbo el dulce éter de tu faz.

Urdes densos sueños en el telar de la noche,
sonríes dormido y trepida de ternura mi corazón,
bien sé, amor, que sueñas y vuelas cual grácil colibrí
y que cada aleteo es oráculo de felicidad,
siendo así sueña, ángel mío, yo velaré tu calma.

Cuando duermes, enmudecen y suspiran las estrellas,
el rocío se viste de crismas para colorear praderas al alba.
Asido a mi cuerpo, mis latidos –que son tuyos-
te arrullan con apacible canto de amor
y te venero al entender el tenue musitar de tu aliento.

No me hacen falta los ojos para verte,
te advierto desde el aroma a miel en tu cuello
y a través de la tibieza de tu cuerpo desnudo
al que estrecho en el halito de tu sumiso sueño
con mi pecho hilvanado a tu espalda.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Quimeras

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Bajo tu cuello de ángel desgajan latidos hialinas quimeras
y adivino tu florido desnudo, donde asoma a pulso
la luna llena en tus ojos, le avisto
desde el claro de luz en tus pestañas.

Trémulos suspiros cuelgan como zarzas de tu boca
y forman eslabones con tus besos dentellados
aprisionando mi alma a la tuya,
un trinar de calandrias vaga las colinas de tu mórbido paisaje.

Antípodas caricias descienden la cordillera de tus muslos
do ávida mi lengua aviva cadenciosos espasmos,
mis yemas dibujan las sombras de tus vertientes silvestres
y en mi pradera se abren las flores al roce de tus manos.

Presiento tu arcano de piedra en vilo,
se abre paso entre valles con aroma a lirios y riachuelo
impregnando mi tierra con tus mieles
en cuyo dulzor, germinará tu propia semilla.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Como el Sol y la Luna

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Así como la Luna fue condenada por los dioses
a amar al Sol en distancia de roces,
así me siento condenada a amarte de lejos
sin poder sentir ni tus brazos, ni tus besos.

Por las mañanas te avistaré en silencio
evadiendo el brillo intenso de tu mirada,
de noche evocaré tu haz de luz tardía
asida a sonidos melancólicos de un arpa.

Ya no cabalgarán los sueños en el lomo de la utopía,
a la postre, el Sol expiró en el horizonte para mí.






© Lissette Flores López. Derechos Reservados.



El Secreto

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Intento deshacer quimeras tejidas al viento
que hilvané en un lejano horizonte
una tarde de primavera,
cuando el brillo de sus ojos a media luz
se agolpó en mi mórbido pecho
penetrando, de nueva cuenta, razón y corazón.

Anhelaba cada amanecer, pues el nuevo día
me traía sus palabras susurrantes,
dulces, melodiosas, más bellas
de las que musita el sol a las flores,
o el musgo a la piedra, o el mar a la playa.

Ahora sé que inútilmente le venero,
pues el frío nunca me supo tan álgido,
ni el silencio había sido tan mudo;
y este invierno que aporrea el ventanal
con sus recios puños inclementes
indica que es momento de olvidar.

Desde mi ventana, en confidencia con la luna,
he lanzado este sentimiento al cielo
al momento que lo surcaba una estrella fugaz
llevándose en su estela un secreto que nunca sabrá...
l e   a m o . . .




© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
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