y mis labios se desbordan a besos en tu paisaje de otoño. Me besas con tu canción de agua y mi alma gime en tu vertiente un te quiero, te adoro, te amo. ¿Le escuchas?
Qué saben en este mundo de locos violentos, de locos fantásticos y de locos que como yo, nos cuesta tanto fingir que somos cuerdos. Qué saben lo que es caminar de la mano de la vida, sin alma, sin corazón. Qué saben del amor inmortal, de las lágrimas surcando la oscuridad de la noche, de los barriletes que se elevaron al cielo y se quedaron allí…
Tenían tus besos sabor a menta fresca recién rociada por la lluvia. Tu saliva era exquisita infusión que cubría mi cuerpo y que al evaporarse al calor de tu piel, despertaba mis sentidos como estimulante aromaterapia. Solo vos sabías que la noche alcanzaba su forma exacta cuando rebautizábamos nuestros cuerpos y yo ideaba un nuevo nombre para tu espalda, tu pecho, tus besos, el alba...
¿Qué será de nuestro ardor, sudor y saliva? me decías sujetándome fuerte contra tu pecho. Posiblemente un niño bendito por Dios, o una estrella fugaz, o quizá un pequeño barrilete enredado en una nube; te respondía, buscando tus labios a la luz de tus ojos.
Suenan tan vivas nuestras conversaciones, pero están tan llenas de marchitos sueños. ¿Te acordás? vos concluirías la universidad e irías a trabajar a la televisora; yo escribiría poemas y cuentos infantiles. Viviríamos en un cuartito en el último piso del cielo, tendríamos un jardín de coloridas hierberas que atraerían mariposas y colibríes. No pagaríamos luz porque la luna iluminaría nuestras horas, nuestras noches, nuestras vidas.
Cómo quisiera volver aquel zaguán donde te leí un poema escrito en una servilleta de papel. Besarte y descubrir que todavía seguís teniendo sabor a menta. Olvidar que la vida te arrancó de mi lado como hoja seca al viento, y que yo soñaba con vivir eternamente enamorada adentro de vos, que sería la mujer más llena de vida, la más feliz, si no del mundo, al menos del Barrio de la Recolección.
Ahora soy sin caer en cuenta, apenas un recuerdo de lo que un día soñamos ser.
Por eso en noches como esta, cuando siento que la vida cada vez pesa más, corro a esconderme tras tu recuerdo y te busco inútilmente, sabiendo que nunca más volveré a encontrar tan dulce y divino sabor, como el de la menta fresca en tus labios.
a amar al Sol en distancia de roces, así me siento condenada a amarte de lejos sin poder sentir ni tus brazos, ni tus besos.
Por las mañanas te avistaré en silencio evadiendo el brillo intenso de tu mirada, de noche evocaré tu haz de luz tardía asida a sonidos melancólicos de un arpa.
Ya no cabalgarán los sueños en el lomo de la utopía,
a la postre, el Sol expiró en el horizonte para mí.
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