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Azul marítimo

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Pintura de Jim Warren


Debe ser el influjo magnético de la aguja en esta brújula señalando siempre al norte la que hace vagar en círculos mi memoria. O quizás, el embrujo de tus ojos me facilita irme de mí y perderme en ti; creerme barca a la deriva entre el oleaje de tu piel y surcar la tersa intimidad de tu mar que me sabe profundo, y misterioso. Ha de ser, sí, ese reflejo azul marítimo en tu mirada lo que me incita lanzarme a la aventura de una tempestad sin retorno y acabar habitándote.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.



Sueño abisal

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Hay una lucha épica y burda entre mi frente y pecho
causa de la ilusión, que en hábil idioma morse
graba tu nombre con sus letras de sombra
en las ciegas retinas de mi corazón
llevándome en solaz travesía al fondo de tus ojos.

Me gusta soñarte bajo un mar de ensueños
aunque tu figura se vea doblemente borrosa
y la esperanza luche por respirar
-como pez de papel dentro de una bolsa de papel-
sumergida en el océano frío de tus manos.

En esta ardiente y honda oscuridad es imperiosa
la necesidad de sentir al sol entre los dedos,
de ver la luz de mis ojos reflejarse en los tuyos
y calmar la aflicción de mendigar un beso de oxígeno
que cada vez asfixia más al aire en derredor.

Rozar en sueños tu rostro de ángel
es hundirse en un abismo con paredes de cristal,
escribir puntos suspensivos con burbujas de aire
que se escapan al unir nuestras bocas
en este naufragar por tu espacio abisal.

En mis delirios, hay dos pasos de luz y dos de sombra,
partículas de lágrimas flotando por el humor vítreo del olvido,
huellas líquidas sobre un mapa que no lleva a ningún lado, 
mil sueños que ahogan constelaciones de estrellas negras
orbitando la engañosa vía láctea de mi cerebro.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Al otro lado del Sol

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Habito un silente orbe que amenaza extinguirse, y es inevitable. 
En esta tierra pululaba el amor y arrebatadores manantiales,
pero ya no hay agua que los haga fluir y saciar así la sed;
la claridad de aurora se arropa con la perenne penumbra de nostalgias.

Navegué años luz en busca de vida y me perdí en la órbita de tus ojos.
Había en tu mundo un vehemente paraíso que invitaba a trascender,
a beberse a borbotones hasta la última gota de tu savia libertadora,
a delimitar fronteras en las espesas llanuras de tus valles,
a instalar imperios en el recinto de tu pecho,
a entonar un himno nuevo en tus labios.

Mas ¡ay! maldito destino disfrazado de ruinoso ventarrón,
arremetió contra toda esperanza, dejándola árida y fosca,
revelándome que en ese ajeno mundo, el amor, es una hipótesis inconclusa,
un sueño que no alcanzó a volar y calló cayó sometido en el légamo del desdén.

Vago en mi silente orbe, es inevitable, se extingue -me extingo-
muero de sed entre las sombras frías de mi planeta
y aún siento correr por mi sangre tu recuerdo, 
hálito celestial que una vez me dio vida, allá, al otro lado del Sol.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados

Hambre de pecado

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El interminable invierno escarchaba su piel
deshojando los silencios del otoño
arrasando sus furtivas quimeras
al roce de febriles delirios y latidos
que cristalizan, a fuerza de hambre de pecado,
esa congoja de su vientre erial.

No puede apartar aquellos ojos
que, como la noche, llegaban puntual a sus gemidos,
sonrojando al silencio
con los susurros de sus manos tensas
estallando al enigma de su cuerpo,
dibujando bramidos de suspiros
en los pliegues de sus blancos lienzos.

El frío amenaza hacerse eterno entre sus cañaverales
y del grito ahogado que responde la desnuda mano
surge la súplica aliviada
-entre gozos y temblores mitigados-
de un cuerpo acosado de deseo
que sueña con la floración del alba
para cubrir de mieles las riveras de otra piel.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Fuego

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Descubrí por accidente el secreto de tu fuego
y fue el mejor de mis hallazgos,
evidencia que tu flama existió
mucho antes que el primer incendio forestal,
antes que la llama se hiciera hoguera
y luego ascendiera al cielo
en pequeñas partículas hasta formar al sol.

Tropecé con tu siniestro y me quemé los ojos
con las chispas de tórridas palabras,
ahora no queda más que encenderme al calor de tu mirada
y calcinarme entre tus brazos al roce de tus labios.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Más allá de tus ojos

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Creí que nada podría vencer la fe de mi palabra, ni la fuerza de mi razón. Que con estratagemas podría ganarle a la vida evadiendo sus males de amor. Pero una vez más, de manera imprevista –como se place hacerlo-, ha conseguido despeñar un alud sobre mi ingenuo corazón. Sabida que el amor es una enfermedad sin remedio; una semilla al viento que llega, florece, marchita y se va, dejé que su avalancha me arrastrara, y sentí de nuevo el cálido abrazo del sentimiento y el dulce aroma de la ilusión.

Clínicamente, mi caso es grave: no como, poco duermo, me acompaño del silencio para hablarle de ti y en la obscuridad, tallo a golpe de formón tu bella imagen de ángel que tengo grabada claramente en el fondo de mis pupilas y que contemplo desde mi nocturna existencia.

Absurdamente te amo, hoy, esta noche, mañana... Y quisiera escucharas lo secretos que guardan mis ojos cuando te veo, regalarte una estrella fugaz para que la decores con tu nombre y la sitúes luego en una nueva constelación creada y garantizada por algún dios.

No obstante, me duele de pronto la ausencia, porque siempre estoy sola de ti, de este mar al que nunca llegará tu marea, porque entiendo que jamás entrarás en mi verdad, que siempre estaré más allá de tus ojos, en el cetrino territorio donde quiso comenzar mi alma.

Aún así, sigo soñando, aguardando la misma hora, contemplando la misma luna para encontrarte en ella. Quizá no entiendas el anhelo de mis labios huérfanos o mis torpes palabras en las que me refugio para ahuyentar la soledad. Al final, eres tú y no yo quien vive en mi mente, y soy yo la que vive exiliada de tu cuerpo, de tu boca, de tus besos, de tu tiempo y de tu vida.

Fácil sería amar a otro y saciar esta sed, pero no puedo. Te amo por principio y convicción, (como no creí volver amar) y aunque tu corazón nunca se abra en el mismo instante que el mío, esperaré con la paciencia del naufrago a que la corriente de tu río se calme en mis venas, y que el olvido relegue todo trayendo la desesperanza del alba, cuando por las noches me duerma con la única certeza que despertaré.
 

© Lissette Flores López. Derechos reservados

Quimeras

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Bajo tu cuello de ángel desgajan latidos hialinas quimeras
y adivino tu florido desnudo, donde asoma a pulso
la luna llena en tus ojos, le avisto
desde el claro de luz en tus pestañas.

Trémulos suspiros cuelgan como zarzas de tu boca
y forman eslabones con tus besos dentellados
aprisionando mi alma a la tuya,
un trinar de calandrias vaga las colinas de tu mórbido paisaje.

Antípodas caricias descienden la cordillera de tus muslos
do ávida mi lengua aviva cadenciosos espasmos,
mis yemas dibujan las sombras de tus vertientes silvestres
y en mi pradera se abren las flores al roce de tus manos.

Presiento tu arcano de piedra en vilo,
se abre paso entre valles con aroma a lirios y riachuelo
impregnando mi tierra con tus mieles
en cuyo dulzor, germinará tu propia semilla.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

El canto de sirenas en tus ojos

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Aquella noche, volaban polillas cenicientas
y las estrellas lanzaban sus flechazos de plata
mientras navegaba en un mar de ensueños.
Remando por la estela de colores de tu iris
intuía una aventura homérica, aún así, remé.

El canto de sirenas en tus ojos
me sumergió de manera engañosa
en un mundo de poderes proféticos,
ahogó mi melancolía con tu lira de bardo
al momento de encallar mis labios en tu boca.

Inútil fue sellar con cera los oídos del corazón
y amarrarle al mástil de la sensatez,
pues al final, aquel cántico melodioso,
en seducción de encantos silenciosos,
me hizo creer ser Leucosia entre tus brazos.

Perdida en la profundidad inasible de tu mirada
me entrego a esta vehemente pasión
y dejo oscilar tus manos por mi espalda aterciopelada
haciendo brillar el sol en lo más hondo de mi ser,
allí, donde cada noche te quedas dormido
y te transformas en silencio de mi pecho.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
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