Quiero a orillas de tu río de soledad
hablar del verano y las gaviotas,
del brillo albino de la luna sobre los pinabetes,
de la noche que moja su melancolía
en una ribera de estrellas ahumadas
y de la mañana que siembra nuevos besos
que germinan, una tarde de enero,
bajo las ramas del sauce llorón.
Hablar de tanto y todo.
De nuestro pequeño mundo
donde el sol se dora en tus mejillas
y yo le beso, tierna,
despacio,
despacio,
como la aurora al trigal.
Que en mi corazón el amor dibujó su esperanza
y se parece a tu alma.
De que te amaré, hoy y siempre.
Hablar de tanto y nada.
Del deseo de liberarte, hacedor de sueños,
y vueles allá donde va la fantasía
en busca de fraguas de libertad,
para que te formes, en sigilosa inquietud,
eterno, y real.
Y que al filo de una caricia
digas que compartirás conmigo un amor para toda la vida.
Dímelo, bien mío, ahora,
antes que despierte
antes que despierte
y tu cuerpo vuelva a ser sombra entre mis brazos.
© Lissette Flores López. Derechos Reservados.







