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Antes de que despierte

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Quiero a orillas de tu río de soledad
hablar del verano y las gaviotas,
del brillo albino de la luna sobre los pinabetes,
de la noche que moja su melancolía
en una ribera de estrellas ahumadas
y de la mañana que siembra nuevos besos
que germinan, una tarde de enero,
bajo las ramas del sauce llorón.

Hablar de tanto y todo.

De nuestro pequeño mundo
donde el sol se dora en tus mejillas
y yo le beso, tierna,
despacio,
como la aurora al trigal.

Que en mi corazón el amor dibujó su esperanza
y se parece a tu alma.
De que te amaré, hoy y siempre.

Hablar de tanto y nada.

Del deseo de liberarte, hacedor de sueños,
y vueles allá donde va la fantasía
en busca de fraguas de libertad,
para que te formes, en sigilosa inquietud,
eterno, y  real.

Y que al filo de una caricia
digas que compartirás conmigo un amor para toda la vida.
Dímelo, bien mío, ahora,
antes que despierte
y tu cuerpo vuelva a ser sombra entre mis brazos.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Esperaré por ti

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Esperaré por ti apoyada en el alféizar de la esperanza
sin importar cuántos otoños en mis hombros se deshojen
o cuan frío se torne el bosque de mis manos sigilosas.

Esperaré por ti encendida cual hoguera
para despejar la noche de tu frente,
para ungirte con el agua tibia de mis besos,
para liberar tu esencia en mi existencia,
y así puedas escuchar, desde mi corazón,
tu verdadero nombre.

Esperaré por ti conteniendo el estallido de mis latidos
para que no se rompa la angustia de la espera,
si tan sólo me juras que valió cada muerte
de los segundos prisioneros en mis alas,
si me cuentas que todo bajo este sueño semiesculpido
sirvió para acercar tu camino hasta aquí.

Esperaré por ti guardando tu luz
a ras de tierra y cielo,
para la hora en que estemos juntos
se funda entre el color de nuestros cuerpos
y formemos un eterno crepúsculo entre dos.

Donde quiera que estés, sea cuál fuere tu universo,
esperaré por ti.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Vienes, Esperanza

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Al fin y al cabo
todo se muda,
todo se niega,
todo se esfuma,
nada se queda:
ni la vil noche,
ni el grito mudo,
ni la mirada
falta de soles,
ni el beso ausente,
ni la caricia
de tierno arrullo.

Al fin y al cabo
el tiempo acaba
con la ilusión,
por imposible,
por fascinante,
por inquietante,
maravillosa,
alucinante,
por lo que sea,
la sella, muere.

Al fin y al cabo
sobra esperanza;
mora en el cielo,
en la montaña,
en la voz muda
que sola va,
errante, lejos,
revistiéndose
de la alegría
de un mar azul
de calmas olas
y eterna paz.

Al fin y al cabo
vendrás puntual
entre mis sombras
-perpetua luz-
blanca y sumisa,
bella y silente
y llegarás
para quedarte
intacta, inmóvil
una y radiante.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Sueño abisal

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Hay una lucha épica y burda entre mi frente y pecho
causa de la ilusión, que en hábil idioma morse
graba tu nombre con sus letras de sombra
en las ciegas retinas de mi corazón
llevándome en solaz travesía al fondo de tus ojos.

Me gusta soñarte bajo un mar de ensueños
aunque tu figura se vea doblemente borrosa
y la esperanza luche por respirar
-como pez de papel dentro de una bolsa de papel-
sumergida en el océano frío de tus manos.

En esta ardiente y honda oscuridad es imperiosa
la necesidad de sentir al sol entre los dedos,
de ver la luz de mis ojos reflejarse en los tuyos
y calmar la aflicción de mendigar un beso de oxígeno
que cada vez asfixia más al aire en derredor.

Rozar en sueños tu rostro de ángel
es hundirse en un abismo con paredes de cristal,
escribir puntos suspensivos con burbujas de aire
que se escapan al unir nuestras bocas
en este naufragar por tu espacio abisal.

En mis delirios, hay dos pasos de luz y dos de sombra,
partículas de lágrimas flotando por el humor vítreo del olvido,
huellas líquidas sobre un mapa que no lleva a ningún lado, 
mil sueños que ahogan constelaciones de estrellas negras
orbitando la engañosa vía láctea de mi cerebro.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Marzo

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Trae marzo aroma a recuerdos violáceos que oscilan de trémulas lágrimas en las roídas ramas de la memoria, y que a la más leve brisa de silencios se precipitan al suelo formando espesas alfombras, así como las jacarandas que cubren aquellas calles del boulevard, tan llenas de vida ayer, cenizas y mudas hoy.

Viene reanudando miradas anhelantes que traspasan empañados ventanales en busca de un peregrino vaho de ilusión por donde se ha de perder un instante el instinto, ebrio de falsas esperanzas, creyéndose que el viento caprichoso entre el jardín se transfigurará en esa silueta etérea que ronda constante en horas afónicas.

Vuelve marzo y sus murmullos de fotografías en sepia extendiéndose a paso lento ante los ojos, concitando la cansada paz de las pupilas. Regresa con sus días sobrados de soles y cortos de lunas; con sus auroras frías, tardes sofocantes y secas, crepúsculos prolongados y noches tristes llenas de pecas blancas que elevan la soledad del alma.

Llega tragándose famélico las hojas del calendario, pero siempre dejando una, la más dolorosa, la que permanece indeleble en su imperecedero transitar...

Transcurre desafiando minuto a minuto la libertad de las aves  y haciendo anhelar como nunca la sublevación de un par de alas.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Cómo me dueles, Luna

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Un susurro advirtió a mi pecho el menguar de tus latidos.
Busqué en el eclipse del cuarto oscuro
pero tu halo de luna se fugó de mi noche estrellada
rompiendo el encanto de la hoguera encendida.

Me duele tu pálido recuerdo de luz azulada,
donde los despojos de horas amargas resbalan
incitando a tus silentes palabras
diluirse inmersas en la soledad de mis venas.

Suspiros desoladores rastrean vestigios
de breves nubes de esperanza
en medio de remolinos de polvo
intentando disipar rancios temores.

Duele esta piel sin voz avanzando sinuosa
en busca del calor que inspiras a mi corazón;
oteo el cielo y su escenario en derredor,
mas los atajos del norte en tus ojos desvían la razón.

Lastimeros gemidos minan los cráteres del alma
en exceso de sucesos, enlazan motivos
entre sueños escondidos y olas de ardiente dolor
me embisten en esta laguna de lágrimas.

Me dueles, Luna, en la puntualidad de tu ausencia,
sin tu presencia no soy más que sombra y frío...
Anhelo entre mis brazos arrullarte y tararear
un dulce canto al compás del aleteo de luciérnagas
que donan sus destellos para que vuelvas a brillar.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
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