Hay una lucha épica y burda entre mi frente y pecho
causa de la ilusión, que en hábil idioma morse
graba tu nombre con sus letras de sombra
en las ciegas retinas de mi corazón
llevándome en solaz travesía al fondo de tus ojos.
Me gusta soñarte bajo un mar de ensueños
aunque tu figura se vea doblemente borrosa
y la esperanza luche por respirar
-como pez de papel dentro de una bolsa de papel-
sumergida en el océano frío de tus manos.
En esta ardiente y honda oscuridad es imperiosa
la necesidad de sentir al sol entre los dedos,
de ver la luz de mis ojos reflejarse en los tuyos
y calmar la aflicción de mendigar un beso de oxígeno
que cada vez asfixia más al aire en derredor.
Rozar en sueños tu rostro de ángel
es hundirse en un abismo con paredes de cristal,
escribir puntos suspensivos con burbujas de aire
que se escapan al unir nuestras bocas
en este naufragar por tu espacio abisal.
En mis delirios, hay dos pasos de luz y dos de sombra,
partículas de lágrimas flotando por el humor vítreo del olvido,
huellas líquidas sobre un mapa que no lleva a ningún lado, mil sueños que ahogan constelaciones de estrellas negras
orbitando la engañosa vía láctea de mi cerebro.
© Lissette Flores López. Derechos Reservados.


