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Después de tantos años

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Me aferro a las luces de un sol humedecido
que se consume lento, tan melancólico,
en esta tarde extinta de agosto,
en este agosto extinto de ti.
Sin embargo, sé que son tinieblas
a las que me aferro sin razón
para escuchar aquel sordo latido
resonar en el pecho
como gota de agua
dentro de un sepulcro frío.

Y es que contigo se durmió mi primavera
y se hizo eterna,
como tu risa
que es brisa de alborada sobre lirios
remontando las verapaces.
Eterna, como tu voz
que es eco en la selva y se oculta tras el margay
para no romper la melodía del misterio
que suena a quedo vals entre las alas de un ave
surcando una inmóvil pupila.

Aún después de los años
reptan tersas memorias
por las paredes ensombrecidas
de esta torre del recuerdo,
y los dragones cautivos en mi boca
se calcinan con las palabras
al pronunciar tu nombre.

Vuelven con el ocaso
tus besos de pétalos dormidos
y traen silencios envueltos en velos
de un tibio mustio;
son testimonio de algo vivo que fue,
y que ahora es ya tan irreal
como un unicornio azul,
o como el tiempo sollozando entre la niebla.

Mas asomará el día que vaya a ti, mi cielo,
-no puedo tardar mucho-
y caeremos en sumiso vuelo,
como caen las jacarandas en marzo,
hasta el centro de tu luz
para ser, a la postre, un sólo fulgor en el infinito
y habitar un bosque, una estrella,
o las barbas de Dios, da igual…
A tu vera, la nada será inmortal.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Marzo

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Trae marzo aroma a recuerdos violáceos que oscilan de trémulas lágrimas en las roídas ramas de la memoria, y que a la más leve brisa de silencios se precipitan al suelo formando espesas alfombras, así como las jacarandas que cubren aquellas calles del boulevard, tan llenas de vida ayer, cenizas y mudas hoy.

Viene reanudando miradas anhelantes que traspasan empañados ventanales en busca de un peregrino vaho de ilusión por donde se ha de perder un instante el instinto, ebrio de falsas esperanzas, creyéndose que el viento caprichoso entre el jardín se transfigurará en esa silueta etérea que ronda constante en horas afónicas.

Vuelve marzo y sus murmullos de fotografías en sepia extendiéndose a paso lento ante los ojos, concitando la cansada paz de las pupilas. Regresa con sus días sobrados de soles y cortos de lunas; con sus auroras frías, tardes sofocantes y secas, crepúsculos prolongados y noches tristes llenas de pecas blancas que elevan la soledad del alma.

Llega tragándose famélico las hojas del calendario, pero siempre dejando una, la más dolorosa, la que permanece indeleble en su imperecedero transitar...

Transcurre desafiando minuto a minuto la libertad de las aves  y haciendo anhelar como nunca la sublevación de un par de alas.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

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