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Esperaré por ti

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Esperaré por ti apoyada en el alféizar de la esperanza
sin importar cuántos otoños en mis hombros se deshojen
o cuan frío se torne el bosque de mis manos sigilosas.

Esperaré por ti encendida cual hoguera
para despejar la noche de tu frente,
para ungirte con el agua tibia de mis besos,
para liberar tu esencia en mi existencia,
y así puedas escuchar, desde mi corazón,
tu verdadero nombre.

Esperaré por ti conteniendo el estallido de mis latidos
para que no se rompa la angustia de la espera,
si tan sólo me juras que valió cada muerte
de los segundos prisioneros en mis alas,
si me cuentas que todo bajo este sueño semiesculpido
sirvió para acercar tu camino hasta aquí.

Esperaré por ti guardando tu luz
a ras de tierra y cielo,
para la hora en que estemos juntos
se funda entre el color de nuestros cuerpos
y formemos un eterno crepúsculo entre dos.

Donde quiera que estés, sea cuál fuere tu universo,
esperaré por ti.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Remolinos de ilusión

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Qué fácil es enamorarse cuando el corazón cree haber encontrado afinidad en otros latidos. Todo tiene una mejor razón de ser en derredor, los colores y la luz asumen nuevos brillos.


Pronto viene a ti el aroma perenne de las rosas en primavera y el bullicio de las aves al amanecer se torna en dulce melodía -a toda hora-, hasta el sonido que producen las hojas secas arrastradas por el viento te seduce... Y aquella canción, a la que apenas prestabas atención, luego de dedicártela, pasa a convertirse en himno de amor e invade todos tus silencios.


Veneras su nombre, aliento y sombra, cada caricia perpetrada, cada beso robado, el exquisito aroma de su piel, su tersura, tibieza y firmeza, la seda de sus cabellos que se enredan entre tus dedos, su cándida sonrisa que confundes con el crepúsculo y hace estremecer los pliegues de tu piel.


Los vientos cálidos y húmedos del sur despliegan las velas de la pasión, haciendo que caigamos en un estado gravitatorio con sólo escuchar su voz. Pero es al momento de tomar su mano entre la tuya que se paraliza el tiempo; a su vera, te pierdes en los atajos de su mirada y levitas en medio de un remolino de ilusión.





© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
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