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Azul marítimo

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Pintura de Jim Warren


Debe ser el influjo magnético de la aguja en esta brújula señalando siempre al norte la que hace vagar en círculos mi memoria. O quizás, el embrujo de tus ojos me facilita irme de mí y perderme en ti; creerme barca a la deriva entre el oleaje de tu piel y surcar la tersa intimidad de tu mar que me sabe profundo, y misterioso. Ha de ser, sí, ese reflejo azul marítimo en tu mirada lo que me incita lanzarme a la aventura de una tempestad sin retorno y acabar habitándote.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.



Confusión

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Ya no te quiero,
me lo grita el buen juicio,
ya no existen lunas que saturen tu mirada,
ni veo el brillo de tus ojos despertando alboradas,
ya no eres farola que ilumina cansados pasos,
ni profecía que vendría a consumarse en el alma.

Desapareció la magia entre tus manos,
cesó el mito de quererte,
se debilitó la ilusión con la que a veces te busco
y las ganas de ofrecer este beso -no vivido-
que yace preso en mi boca.
Me desnudaste del vestido de noche
que me cubría la piel con el tatuaje de tu nombre.

Vuelo semillas de diente de león en las sombras de la tarde,
cada una lleva colgado un “ya no te quiero” a media voz,
caen sobre mi pecho clavándose como agujas de nostalgia.

        Empero, la soledad me abraza confundiendo a la razón
¿Qué me hace sentirte en cada verso que escribo?

¿Cómo catequizar a mi cordura de que es absurda la arrogancia de la utopía y que ya no debo pensarte?

¿Cómo explicarle al corazón que es tan corta la distancia entre tu olvido y mi muerte?

...

¿Cómo se supone que deje de quererte?





© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Suspiros

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I
Eres, alma mía, la pasión mordida
donde descifro tu figura
en la aurora de un suspiro extraviado
que encadena confusiones
a los pretextos de mi vientre
que desea renacer joven y tuyo.


II
Abrigo versos dispersos en mi cuerpo
aguardando a que tus dedos de pluma
dibujen un poema en la impaciencia de mi piel
con rimas de deseo consonante
que rocíen de ternura y melancolía
anónimas sábanas ceñidas a la lencería del estrepitoso verbo.


III
Desnúdame en medio de la borrasca de tus vaivenes,
hazte marea brava estrellándo en los riscos de mi pecho,
mis manos agitarán las olas en el mar de tu vientre
y a ciegas naufragarás por la orilla recóndita de mis entrañas
agolpando madreselvas de orgasmos, espuma y una diáfana muerte.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Hambre de pecado

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El interminable invierno escarchaba su piel
deshojando los silencios del otoño
arrasando sus furtivas quimeras
al roce de febriles delirios y latidos
que cristalizan, a fuerza de hambre de pecado,
esa congoja de su vientre erial.

No puede apartar aquellos ojos
que, como la noche, llegaban puntual a sus gemidos,
sonrojando al silencio
con los susurros de sus manos tensas
estallando al enigma de su cuerpo,
dibujando bramidos de suspiros
en los pliegues de sus blancos lienzos.

El frío amenaza hacerse eterno entre sus cañaverales
y del grito ahogado que responde la desnuda mano
surge la súplica aliviada
-entre gozos y temblores mitigados-
de un cuerpo acosado de deseo
que sueña con la floración del alba
para cubrir de mieles las riveras de otra piel.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Enredaderas de pasión

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Presiento el amor cabalgar a galope por mis venas
cuando mis piernas colindan con tu cintura
y hacemos danzar al deseo entre centellas púrpuras
que estallan en la piel al roce de nuestras yemas.

Tus labios hundidos en mi vientre
incitan alfileres en vértigo divino
adheridos a histéricos espasmos
que cuelgan al filo de nuestros ombligos

dejando todo en penumbras.

Artera mi lengua se aferra al dorado lúbrico de tu arcano en vilo

y tus gemidos se acomodan a un costado de mis ingles.
Mueres prisionero al calor de mis entrañas
mientras yo resucito en tu manantial de espuma.

Brotan enredaderas de pasión en mi pecho
que se ligan a tu espalda y enajenan al vapor de tu cuerpo
meciéndose en un sublime y eterno abrazo.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
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