Hay dentro de mí un lugar
aislado
con una luna que riela en mis lagunas
y algunos delirios primarios y fútiles.
Un lugar lleno de voces
pero a la vez
de una irremediable soledad cotidiana.
En este lugar irrumpen a veces
pequeñas astillas de luz
que se traslucen por las rendijas del alma
y dan tanta calidez
como cuando penetras tú
con tu tibio aliento de brisa
y todo lo inundas
con un dulce aroma a canela y manzanas.
Y pienso que el lugar que llevo dentro de mí
es tuyo
es tu espacio que te espera intacto
colmado de este amor sencillo
que creció y se adhirió en mi corazón
como el musgo a la callada piedra.
Y es que amarte es ansia y privilegio.
Pero en noches como hoy
en que se ahoga la luna en tu silencio
se me hacen pueriles heridas en el pecho;
y mi corazón, que es un frío enemigo,
me trae tu recuerdo de golondrina,
de arroyo y de aurora
y todo lo que cabe de ti
se me escurre entre los brazos.
¿A quién le escribiré de amor si no te tengo?
Si estoy llena de soledades como antes
¡como siempre!
y a estas horas grises y últimas de la madrugada
el reloj marca de nuevo la hora
y sigo viva
sabiendo que tendré que arropar con palabras mi
tristeza
a golpe de llanto y muerte
porque sin ti estoy perdida
como aquella estrella sola en la alborada
sin sueños
ni esperanzas.
Y pienso que afuera hay amor
y gente que se ama,
y nubes engarzadas,
y árboles asidos a la enramada,
y tibios polluelos bajo las aves;
y yo estoy sin ti
y solo puedo imaginar la distancia
entre tus labios y mi boca
y me pregunto:
¿A qué saben tus besos?
¿Qué murmuran tus manos y tu piel?
Y pienso
¿Por qué esta tristeza sigue llenando este lugar?
¿Por qué no vienes a mi larga soledad enmarañada
de recuerdos?
Aún podemos zozobrar el uno con el otro
cansados de tanto amar,
porque aún me quedan muchas noches como esta
en que todo en mí es afonía
y solo la soledad escucha el desgarro de mi voz repetir
te amo.
© Lissette Flores López. Derechos Reservados.