Luego que en un intento de vida jugué al escondite con la sensatez, me resistí a caminar con pie plano por derechos senderos y burlé cenizas de días sagrados por construir endebles presentes que se perdieron y deshicieron en el viento cual si fueran grullas de papel, retomo el camino con toda la voluntad de mis pasos, sintiendo como lo que un día fue aleteo desesperado en el vientre, hoy son arañazos de ramas secas en la espalda.
Sin embargo, sé que cada arañazo restaña heridas y recupera lucidez perdida, que cada vez está más lejano el ocaso en el horizonte y más cercana la tierna aurora. Mi rostro irá adquiriendo expresión de liberación íntima y mi ser dará lugar a nuevos sentimientos que solucionarán el equilibrio perpetuo entre mi vida y la verdad del amor.
Hoy, recuerdo aquel que fue torrente de ilusión desbordándose en mis venas y quizá no se entere, pero por siempre le guardaré agradecimiento en mi corazón, corazón que en el pasado le construí una hosca coraza y que al conocerle ésta fue descascarándose poco a poco, motivándome a amar y con ello devolverle el aliento a mi alma. Aunque el murmullo del silencio me traiga sus palabras, sabré encajarlas en el lugar debido, sin provocar daños ni heridas, ni malos entendidos, ni a él, ni a mí, ni a terceros.
Parto de cero, este es el comienzo de una fuerza renovadora.
© Lissette Flores López. Derechos Reservados.


