Llegó el día en que el último suspiro había cumplido su condena. Empero no era su libertad la que alcanzaba, sino su muerte. Se resistía a salir de esa celda de sombras que lo acogía apócrifamente. Aún así, expulsado fue. Desde entonces aquella cárcel fría quedó con un sólo inquilino; su sentencia era más cruel, pero éste no tenía ánimos de fuga.
© Lissette Flores López. Derechos Reservados.


