La noche anheló vestirse de luz,
pero huérfana de estrellas
se vistió de ti
y una explosión de colores
iluminó auroras boreales
en el terso tisú del cielo.
Una luciérnaga danzarina
se estrelló en mi pecho
-como tus ojos brunos-
-como tus ojos brunos-
y mil hados instituyeron
una constelación azul
en el halo de la luna.
Una tarde lluviosa de mayo
intentó pintarse de verano,
pero a falta de golondrinas
tus versos le dibujaron
óleos de horizontes bañados
por el sol de tus metáforas.
Un suspiro quiso ser jardín en el alma
y apareciste – fortuito madrigal–
mis espinas de tristeza
derraparon por la espalda
gimiendo ecos sin retorno
y ese día, entre cardos brotaron lirios de ilusión.


