Al soslayo de la luna

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Tú, que avivas la fragua de vida
con tus piélagos de luz,
alarga esta realidad suprema
con tus besos de orquídea
y desenreda en mi boca la telaraña
que asfixia versos que desean resurgir
y grabarse en tu piel de numen.

Al soslayo de la luna
te ofrendo, mi bien,
un cosmos líquido
creado con cristalinas lágrimas
que brotan en lenta palpitación
de mi corazón cautivo del tuyo.

Celeste sensación, azul melodía
tus ojos, la noche, tu voz,
tus labios susurrándole a los míos
nuevas caricias de amor.

¡Divina calma!
cuando mis manos te alcanzan
y mis brazos te estrechan
tu alma de cristal ilumina el cielo
y mil hados se abisman en tu pureza infinita.





© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Deseo estival

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Surges, cierzo de luz,
en noches estivales
hundiendo sin fronteras
tu ambarina huella
en este rugir de piel
que se encrespa y agita
al contacto de tu mirar.

Hiende mis venas
con traslúcidos reflejos
de llama de pasión pura,
y en celestial idioma
deletrea silencios
de ósculos que suspiran
prisioneros de tus labios.

Arranca de mi pecho
jirones de sombras tristes
con el arpegio de tu arrullo de luz
y entre odres gemidos de sábanas
déjame atesorar la suerte
de abrasarme en tu fulgor
ebria por tu brebaje de fuego.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Ocaso de gaviotas

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Dispuesto el sol a reposar su incansable burbujeo luminoso
se retira en medio del suave aliento de la tarde
moteando de ocre y lavanda lienzos de cielo
que caen sobre el horizonte
estremeciendo el remanso de las rocas.

Más allá, sobre el estero, danzan unas gaviotas enamoradas
al compás de la brisa rozando alhelíes;
tiembla un viento libertador entre sus alas
y en sus ojos se refleja la plenitud de su (a)mar.

Alían su espacio a la tibieza de sus picos de cristal
y deslizan sus caricias de pluma por la lenta orilla del ocaso;
al hacinarse la noche en el seno de la ermita
se engendra una voz certera en el centro del alma.

La quietud de las sombras sobre las piedras bañadas de espuma,
el tatuaje de luz de estrellas sobre la arena,
el sempiterno juramento de soles permanentes...
un resquicio de alegría alimentado por el rumor de auroras.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

De pronto somos

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De pronto eres sueño
que emerge del foso de los deseos convertido en verbo;
el sereno rumor de las olas en verano
que traza el litoral de mi pasión;
una profunda herida restañada,
un suspiro irracional... mi vocación de paz.

De pronto soy afónica palabra
deseando ser eco en el acantilado de tu piel;
una semilla al viento
pretendiendo germinar en el Edén de tu corazón;
pávida mariposa
buscando la eternidad en la crisálida de tus manos.

De pronto somos dos gaviotas
pregonando silencios sobre un mismo mar;
dos hojas secas tatuadas de melancolía
arrastradas por nubes negras de olvido;
dos seres sin sombra
caminando por el frío desierto de un universo paralelo.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Borrasca

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Eres marea brava y tormenta
en el mar de mis pasiones,
voz armoniosa de trémula brisa
que arde al sur de mis riscos.

Tu cuerpo es la ola que quiero alcanzar
en este naufragio de vaivenes,
tu amor, la tabla donde he de socorrerme
eludiendo malos presagios y temores
pues sólo en ti, mi cielo azul, me sé segura.

Acábame la vida con tu tiempo inexorable,
viértete sobre mis manos, febril cataclismo,
truena, estalla y cae intensamente tierno
sobre mi pecho  -rayo diluviado-
húndete en mis labios, bajel de lascivos besos.

Al vendaval de tu frenesí me procuro
y el alma en un suspiro se me va.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Morir de amor

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Me sumerjo en tu mar de olvido y me sobra el aire,
salgo a la superficie de tu verdad y me falta aliento,
recorro esta playa abandonada
y en el recuento de daños desentierro
besos fosilizados que un día entregué
y expiraron bajo un cúmulo de palabras vacías.

Me faltan sueños que guardaba en mis párpados,
al ser relegados alzaron vuelo cual oscuras golondrinas
acunándose en el piélago de tus pupilas
formando una isla donde naufragó mi memoria,
tornando mis ilusiones en brisa moribunda
prisionera entre tus manos de caracola.

Siempre tan exacto como la noche,
lleno de ausencias y sombras
trepas por efímeras eyaculaciones humedeciendo la nada.
Ya no quiero murmurar tu nombre a la oscuridad.
Extirparé de mi pecho el asta de tu bandera inamovible,
si ya me he desangrando en seco por ti
qué más da morir de amor.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.


Algo

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Percibo algo que me hace insistir correr el mohíno telón de la noche y soñar con lunas de cristal, con estrellas de hielo, caricias de colibrí y con la áfona voz del tiempo cruzando puentes antañones de yermos ayeres que se pierden por instantes en la aurora de su castaño mirar.

Empero, algo sigue vacío en mi costado y hace que extrañe hondamente a mi inherente melancolía.  He intentado deshilvanarme una y otra vez esta dolorosa quimera del pecho, pero al punto de zafar el último hilo, le vuelvo a unir a mi alma con un desgarrador remiendo. Ya no tengo fuerza para seguir venerando el fantasma de una bella utopía.

Algo siento en mí, no es un sentimiento ignoto, pero ya no es motivo de silencios. Me impulsa a caminar por senderos nuevos, a abandonar este frío orbe de sombras.  Es tan cálido como una hoguera en invierno y tan sereno como los rayos de sol abrazando los hombros de mi madre al atardecer.  

Aguardaré la floración de las orquídeas para escuchar el murmullo de abejas que vendrán con sus alas impregnadas del aroma a miel de uno más de sus versos de amor.


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Un día

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La noche anheló vestirse de luz,
pero huérfana de estrellas
se vistió de ti
y una explosión de colores
iluminó auroras boreales
en el terso tisú del cielo.

Una luciérnaga danzarina
se estrelló en mi pecho
-como tus ojos brunos-
y mil hados instituyeron
una constelación azul
en el halo de la luna.

Una tarde lluviosa de mayo
intentó pintarse de verano,
pero a falta de golondrinas
tus versos le dibujaron
óleos de horizontes bañados
por el sol de tus metáforas.

Un suspiro quiso ser jardín en el alma
y apareciste – fortuito madrigal–
mis espinas de tristeza
derraparon por la espalda
gimiendo ecos sin retorno
y ese día, entre cardos brotaron lirios de ilusión.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados

Sucede

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Sucede que en noches como esta
pienso en ti,
y me enamoras,
y me entristeces.

Me enamoras como el halo de luna
enamora al farol que se esconde entre la niebla,
y me entristeces
como la brisa marina entristece a la cortina en la ventana
cuando no le alcanza a rozar con su aroma a mar.

Sucede entonces que en horas como esta
el olvido sucede a versos que te hablaron de amor,
lánguidos gemidos se exilian del pecho
esparciendo sus migajas de desconsuelo.

Me ovillo entre sombras de lágrimas secas
y un hálito de tristeza me envuelve el alma
al oír el pertinaz murmullo de una voz...
¡Sucédele tiempo!
¡Anticípate muerte!


© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Aurora

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Susúrrame con tu voz de estrella dormida
para despabilar la libertad en mis alas
y poder volar alto, y lejos
rozar con mis dedos nubes engarzadas
a escaleras que conduzcan a nuevos cielos
y planear sobre llanuras cubiertas de girasoles
que estiran sus pétalos para acariciar al sol.

Aráñame los labios con tu caricia de luz
y borra la memoria de besos olvidados en la bruma.
Disipa las estrías de tristeza en mis hombros,
matiza con crismas de rocío y esperanza
sombríos jardines de amores deshojados
y haz que broten desde el cieno
guirnaldas de lirios y azahares
que serenen las sombras de áureos horizontes.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Si me olvidas

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Si tú me olvidas
sepultaré en un cofre de hormigo
cartas, lágrimas y besos sepia,
prendas sagradas de amor
que no pienso desenterrar
para no sentirte de este lado
avivando el goce triste
de recuerdos y amargura
de la noche en que hiciste
de mi alma, la sombra más oscura.

Si tú me olvidas
al mar arrojaré mi azul olvido,
olas sordas le harán estrellarse
entre riscos afilados de silencio
y aullará un viento solo y frío
y enmudecerán las caracolas
y entre mis dedos morirá el alba
disuelta como vaho en la arena.

Pero si algún día me recuerdas
¡oh cielo mío!
y buscas lo que no encontraste en otras vidas
lanza muy alto tus redes
para que al volar hacia ti
mis alas entre tus brazos y manos se enreden.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Inefable

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Tu rostro
-preludio de versos-
obra perfecta que mis manos ciegas arrullan
al son de lluvia que hace eco de fuente
en las comisuras de tus labios.

Tu boca
¡inefable vehemencia!
donde germina tu sonrisa al roce de mis yemas
y mis labios acopian cosechas de besos
con aroma a tibia aurora de abril.

Tus ojos
¡Dios tus ojos!
me hablan con brillos de Sol nocturno
eclipsando las palabras que oscilan en tus pestañas;
incitan a precipitarse en su abismo de tristeza
o morir ahogada en su arroyo de llanto sagrado.

Tu voz
vibra al viento como sutil murmullo de niebla
meciendo las ramas del sauce llorón,
surge desde las sombras al pronunciar mi nombre
y vuela por mi piel con su suave caricia de mariposa.

Tu amor
crisálida que pende de la afable promesa del corazón,
la inmortalidad rayando el cielo en un velero de papel,
manantial delirante con brazos inquietantes
que lazan mi alma a la tuya en un abrazo feraz
llenando de vida este páramo paisaje.

No, no existe amor, palabra alguna que te defina.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.

Colibrí de estrellas

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Para Adrián González, con aprecio.

Vuelas perpetuando la serenidad del viento
con la libertad de tus alas de colibrí.

Serpenteando las estrellas con grácil afán
rozas mi esencia con tu aroma a jazmín
y sorbes a besos sus secretos de néctar.

Planeas por valles tornasoles
en busca de la energía de la vida,
del tesoro que otrora perdiste
y ahora custodias entre orquídeas.

Tu dulce lisonja aleja la tristeza
-álgido invierno-
y asoma primaveras impacientes
de voces que abrigan con fuego coral
las raíces de antiguas danzas de piel.

Amoldas en mis manos búcaros florecidos
de pasados reencarnados en presente
que vienen a cerrar círculos
y a liberar conciencias.

Retorna feliz, pequeño colibrí de estrellas
a ese rincón que tu intuición sabrá llevarte
vuela sin reparo, sin detener la marcha
y si algún día se gastan tus frágiles alas
yo te prestaré las mías de hada,
tan sólo no cejes este encuentro de almas.



© Lissette Flores López. Derechos Reservados.
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